En el segundo domingo de cuaresma, Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz, llamó a un cambio radical en nuestra manera de vivir, pensar y actuar para transformar al mundo azotado por la violencia, la guerra y el odio. La palabra de Dios nos dice que es posible transformarnos y transformar al mundo desfigurado, atemorizado y desorientado por tanto odio, violencia, guerra y por el vacío de un horizonte certero de paz y lograr un mañana mejor para las víctimas de la injusticia, los oprimidos y decaídos. Solo si no perdemos la esperanza, seguiremos firmes hasta llegar a ser ciudadanos del cielo que nuestra meta dichosa y definitiva, señaló el religioso en su homilía dominical. Gualberti recordó que en el segundo domingo de cuaresma nos recuerda un hecho trascendental en la vida de Jesús durante su último viaje a Jerusalén antes su muerte y resurrección, cuando subió al monte Tabor para hacer una oración y en ese momento su rostro y toda su persona se transfiguran y se vuelven muy resplandecientes, como signo de su gloria como hijo de Dios. La escena de la transfiguración de Jesús llena de luz y de misterio representa con anticipo lo que le espera después de su crucifixión: la dicha plena de la gloria del Padre y el señorío eterno sobre la humanidad y el universo entero, reflexionó Gualberti. El máximo representante de la Iglesia católica en Santa Cruz, agregó que la cuaresma es el tiempo propicio para subir al monte Tabor, hacer esa experiencia maravillosa poner nuestra mirada y confianza en Dios, elevarnos sobre el mal, el odio y la mezquindad, dejar a un lado los criterios mundanos del poder, las riquezas, la fama y tantos otros ídolos, y desinstalarnos de la mediocridad, la superficialidad y la indiferencia ante tantos hermanos y hermanas sufridos y necesitados. Recordó que el encuentro con Jesús transfigurado nos da la fortaleza para superar las dudas y temores, transfigurar nuestra mente, nuestro corazón ynuestra forma de obrar.