La música volvió a entrar hoy a la redacción de EL DEBER, pero esta vez con un silencio distinto. Leo Rosas, cantante cruceño que dejó huella por su voz y su cercanía con el público, falleció este domingo, el mismo día en que su última entrevista —la más íntima— vuelve a circular como un testimonio de vida: una conversación cantada en Sonidos de la Redacción, donde habló de sus proyectos, del amor, de las pérdidas y de la fe, y cerró como sabía hacerlo: con melodías.
En ese encuentro, realizado hace solo un mes junto al pianista Álvaro Eguino, Leo llegó recién aterrizado en Santa Cruz, todavía con el pulso de una gira que venía realizando por el país. “Estoy con una gira que se llama Homenaje a los Grandes… anoche tuvimos un show hermoso donde cantamos los éxitos de todas las grandes leyendas de la música latina”, contó, con el entusiasmo de quien aún está arriba del escenario.
Un homenaje dentro del homenaje
La visita a EL DEBER fue, sin buscarlo, un homenaje doble: Leo presentaba un espectáculo que había concebido como “un regalo a Bolivia por sus 200 años”, y terminó dejando en la redacción una de sus últimas interpretaciones públicas, con canciones que atraviesan generaciones.
Cantó fragmentos de Hoy tengo ganas de ti, interpretó Contigo aprendí, se animó con Luis Miguel (“Hasta que me olvides”) y recordó su admiración por Roberto Carlos. A ratos, la entrevista se parecía más a una velada musical que a una conversación. En medio de teclados, pantallas y cierre de edición, su voz se convirtió en pausa y compañía para periodistas que, mientras armaban el impreso, escuchaban cómo una sala de redacción también puede ser un pequeño teatro.
La vida detrás del escenario
Leo no eludió los temas difíciles. Habló con honestidad de su duelo por Marian, una persona clave en su vida, a quien recordó con cariño y gratitud. “Fue una etapa muy linda… siempre va a perdurar para mí”, dijo, al mencionar el aprendizaje de vivir con más intensidad y viajar, un gusto que, confesó, no tenía antes.
Este domingo, el eco de esa frase queda suspendido en la memoria de quienes lo escucharon, en el cariño de su público y en los pasillos de la redacción donde dejó su última visita, su última charla y su última música.
También habló de la fragilidad humana, de sus momentos de quiebre y de esa idea que repitió como una convicción: “Los hombres también lloran… el llanto te desahoga”. En su relato, la música era refugio, pero también disciplina: “Cuando salgo al escenario trato de dejar todo atrás y darle lo mejor a mi público”, afirmó.
A sus 27 años, se definía como “alma vieja”: más de casa que de boliche, amante de las canciones de antes, de las voces que no pasan de moda. Y, sin romantizar la vida, dejó una frase que hoy resuena con fuerza: “La vida es bella, pero también es muy difícil… después de la tormenta sale el sol”.
Proyectos que venían
En la entrevista, Leo adelantó que tenía una canción grabada y lista para lanzarse: La primera vez, un tema romántico que —dijo— estaba pensado para “la novia, la esposa, un amor que está empezando… o incluso para dedicar a un ser querido, porque el amor es para todo”.
También anunció que 2026 venía “con todo”, con nuevos videoclips y presentaciones del show Homenaje a los Grandes en distintas ciudades del país. “Vamos a tratar de visitar todas las ciudades, departamentos, provincias… primero Dios”, sostuvo.
La última canción
Hacia el cierre, improvisó un fragmento que pareció escrito para este momento: My Way, en español. “El fin se acerca ya… lo esperaré serenamente”, cantó, antes de rematar con una idea que hoy, inevitablemente, se convierte en despedida: “Ahora sé que fui feliz”.