Un coseberú (Calyptophractus retusus) fue registrado y estudiando por tres días y, posteriormente, liberado en la zona de Abapó, por el biólogo Huáscar Bustillos, quien señala que se trata de uno de los armadillos más raros del mundo. El ejemplar estudiado es un juvenil macho de 13 cm de largo. Vive bajo el suelo, donde incluso puede dormir, aunque los biólogos aún no puedan explicar cómo lo logra. Tiene la habilidad de mimetizarse en la arena, de la que sale para alimentarse explica Bustillos. Destaca el color rosado de la piel de coserebú, así como la característica de su caparazón: es flexible. Otro rasgo distintivo de este animalito son sus garras grandes, en comparación con el resto de su cuerpo. Las patas delanteras y grandes garras le sirven para excavar. Su cola es única entre los armadillos, señala el biólogo, porque se convierte en una especie de trípode y quinta pata, y ayuda a sostener su cuerpo. Además, simula una ‘tapa’, por lo que ganó su segundo nombre: ‘culotapado’. El coseberú es nocturno, duerme durante toda la mañana y se ‘activa’ por la noche. Se alimenta de insectos. Su tamaño, cuando es adulto, puede alcanzar los 15 cm, lo que lo hace el más pequeño de los armadillos. Tiene los ojos y las orejas pequeñas. Bustillos detalla que el coseberú es un animalito difícil de avistar, por lo que se desconocen todavía muchas cosas sobre él, como lo relativo a su reproducción o al tiempo que viven. Las investigaciones aún son escasas. El biólogo ya lleva 12 años estudiándolo. El coseberú vive en las afueras de la ciudad de Santa Cruz, en lugares arenosos de la provincia Andrés Ibáñez, y si se habla de Sudamérica, en el Chaco sudamericano. Bustillos indica que el coseberú está muy ligado a la historia de Santa Cruz, pues fue descubierto en 1859, por Nicomedes Antelo, en los campos de la batalla del Pary; también cuenta que el animalito forma parte de los tradicionales mitos y leyendas recogidas por el escritor Germán Coímbra.