El legado de un hombre de acciónEl nombre de Nicolás Castellanos quedó grabado en la historia del Plan Tres Mil. Su trabajo permitió la construcción de hospitales, escuelas, iglesias y centros comunitarios. Su visión transformadora también impulsó la creación de la Ciudad de la Alegría, un espacio donde niños y jóvenes encontraron educación, deporte y oportunidades.
Nos asusta su ausencia, pero también nos da fortaleza para seguir, expresó Alfredo Soliz, director de Hombres Nuevos y uno de sus más cercanos colaboradores. Le hicimos una promesa a Nicolás: seguir su obra hasta que el cuerpo aguante.
Soliz recordó que Castellanos siempre priorizó la educación. Él decía que los pueblos no pueden salir de la pobreza sin educación. Becamos a cientos de jóvenes en España y Bolivia, y seguimos su legado con programas de formación, afirmó.
Álvaro Yana, rector del Instituto de Bellas Artes y discípulo de Castellanos desde niño, destacó su coherencia y compromiso. Lo que él empezó nunca va a acabar. Nos dejó un camino claro: dar amor a los pobres y oportunidades a los más humildes, dijo.
Castellanos no solo predicó con palabras, sino con hechos. Dejó más de 120 colegios, la Escuela Nacional de Teatro, la Ciudad de la Alegría y muchas iglesias. Sus acciones hablaron más que cualquier discurso, resaltó Yana.
Desde su llegada a Bolivia, monseñor Castellanos vivió con humildad. Se negó a tener aire acondicionado, televisión o auto. No le gustaba celebrar su cumpleaños, se escapaba para evitar las felicitaciones, recordó Soliz.
Hoy, la Ciudad de la Alegría y cada obra que levantó con sus propias manos lo despiden con gratitud. Aunque su ausencia deja un vacío, su legado sigue intacto en cada niño que estudia en sus colegios, en cada joven que encontró un camino gracias a su apoyo y en cada rincón del Plan Tres Mil que él ayudó a transformar.