¡Sálvese quien pueda! Hay zonas donde circular es casi misión imposible por los atolladeros que se forman durante el horario de ingreso y salida de los colegios. El desorden de los vehículos estacionados en cualquier lugar, muchos hasta en triple fila, provoca embotellamientos y hasta paraliza por completo la circulación. Todo ocurre en medio de bocinazos, tensión y el nerviosismo de quienes quedan atrapados en el tráfico.
A tempranas horas, la prisa de llegar al trabajo choca con la fila interminable de vehículos que se arma en la zona del colegio La Salle. Padres de familia se detienen en plena vía para dejar a sus hijos, como si la calle fuese un estacionamiento.
La escena se repite al mediodía: autos con las luces de parqueo van copando los carriles, formando un enjambre de vehículos. Los niños suben apresurados, pero la circulación queda paralizada y las trancaderas se desbordan hasta la avenida La Salle, alcanzando incluso la rotonda del Cristo Redentor. Los conductores que logran esquivar la rotonda avanzan lento por otras vías del segundo anillo; y los que no, quedan atascados en medio del tráfico.
La situación es similar en la avenida Alemania y cuarto anillo, en el ingreso al colegio Saint George, donde a la hora de ingreso a clases, los padres, con sus vehículos, trancan la circulación en la rotonda y vías de acceso. En el cuarto anillo, la fila de vehículos en ambos sentidos se extiende por cuadras, porque también transitan vehículos de alto tonelaje.
En los alrededores del colegio Marista, las trancaderas se han convertido en un obstáculo cotidiano para quienes circulan por las calles Moldes, Oruro y otras vías cercanas. Este martes, antes de la salida de clases, una extensa fila de vehículos rodeaba todo el establecimiento. Cuando el timbre sonó, el caos aumentó con los buses escolares y autos particulares que se estacionan hasta en triple fila.
Los vecinos señalan que el problema, aunque molesto, es temporal, pues una vez que concluye el horario de ingreso o salida de estudiantes, el tráfico vuelve a la normalidad.
El trajín de dejar y recoger a los chicos del colegio tampoco es una tarea fácil para los padres. Para poder salir rápidamente del embotellamiento, deben llegar con anticipación, lo que muchas veces los obliga a dejar otros pendientes para ir a estacionarse en los alrededores del colegio, donde además se enfrentan con otros obstáculos.
Este es el caso de los padres que asisten a un colegio ubicado en la avenida La Barranca, donde hay un surtidor cercano. Las filas que se forman por la falta de combustible son un verdadero dolor de cabeza para quienes transitan por la zona, al punto que, en muchas ocasiones, los vehículos terminan subiéndose hasta la plazuela que hay en ese sector. Las calles laterales se llenan tanto que salir del caos es complicado.
Se necesita estacionamiento
Para el ingeniero vial, Javier Mendívil, el caos es producto de una suma de factores, porque los establecimientos no proporcionan el estacionamiento ni las pistas de recojo de alumnos y los padres tampoco respetan las normas de tránsito. A eso se suma, la falta del control de las autoridades competentes.
Los padres de familia o responsables de recoger a los chicos del colegio se topan con falta de espacios en los parqueos, porque el plantel administrativo del colegio copa los pocos que hay, porque la mayoría no tiene un área exclusiva. En este sentido, considera que se tiene que exigir estacionamientos obligatorios por actividad del inmueble, colegio, hoteles, domicilios y otros, como establecen las normas.
“Al dejar que se construya sin el requerimiento adecuado ya estamos perdiendo la capacidad de la vía”, dice al manifestar que es necesario intensificar la presencia policial para que sancione al que se ponga en doble fila.
La falta de educación ciudadana es un tema que se tiene que trabajar desde las escuelas, porque los padres, en el apuro, no respetan las normas de tránsito.
“Hay que verlo el tema de forma transversal, con planificación que tengan las exigencias de estacionamientos adecuados para cada actividad de todo tipo de inmueble. También que Tránsito colabore poniendo orden en los lugares donde hay congestionamiento”, enfatizó.
Un tráfico que deseduca
La psicóloga Lizeth Baldivieso recuerda que, en el pasado, antes de que las ciudades crecieran al ritmo acelerado de hoy, era común ver grupos de niños y niñas caminando solos rumbo a la escuela. Esa imagen, sin embargo, prácticamente ha desaparecido. Actualmente, la mayoría de los estudiantes ya no van solos a clases; y en muchos casos, son llevados y recogidos en automóvil por sus padres debido a las largas distancias y a la inseguridad.
Baldivieso advierte que esta nueva realidad trae consigo una consecuencia, que los niños están perdiendo aprendizajes básicos de seguridad vial. Al enfrentarse a un tráfico caótico, con autos estacionados en doble fila, aceras invadidas y calles convertidas en espacios intransitables, no aprenden nociones esenciales para moverse con autonomía y seguridad en la ciudad.