Durante el mes de agosto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) impulsa la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una oportunidad para reflexionar no solo sobre los beneficios nutricionales, sino también sobre la importancia del contacto cercano entre madre e hijo en sus primeros días.
“La lactancia materna es mucho más que un acto biológico. Es un espacio de encuentro entre el cuerpo que sostiene y el cuerpo que llega al mundo. En los primeros meses de vida, el bebé no distingue alimento de contención, ni leche de amor”, afirma Gustavo Pinto, terapeuta familiar y docente de la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS).
Según el especialista, este momento de cercanía es clave en los primeros meses de vida. “El pecho no solo alimenta, también organiza el vínculo. A través del contacto piel con piel, la respiración compartida, el tono de voz y las miradas, la madre y el bebé construyen una relación que transmite seguridad y amor”, explica. Pinto sostiene que “el cuerpo materno funciona como entorno, como base de confianza, que calma, sostiene y comunica. Durante la lactancia, la madre y el bebé no solo comparten nutrientes: también construyen un diálogo sin palabras”. Ese primer vínculo ayuda al bebé a desarrollar confianza y a sentirse protegido. Incluso en los casos en que la madre no puede o decide no amamantar, lo más importante es la presencia emocional. “El cariño y la contención no dependen solo de la lactancia, sino de la disponibilidad de la madre o cuidador para estar presente y atento a las necesidades del bebé”, aclara. Desde su experiencia como terapeuta, Gustavo Pinto ha acompañado muchas historias en las que ese primer encuentro fue difícil o estuvo marcado por la urgencia, el dolor o el miedo. Por ello, enfatiza que “lo que la lactancia materna pone en juego es mucho más que nutrición: es un ritual primario de encuentro, donde el bebé aprende qué es ser recibido, sostenido y acompañado. Donde el cuerpo que da y el cuerpo que recibe construyen juntos la primera forma del cuidado”. Este año, el lema de la campaña es claro: “Facilitar la lactancia materna: marcando la diferencia para las madres y padres que trabajan”, destacando la necesidad de políticas laborales y espacios adecuados para apoyar a las familias en este proceso. “Lo primero que un bebé aprende no es con palabras, sino con gestos: cómo lo reciben, cómo lo abrazan, cómo lo miran. En la lactancia, ese recibimiento se convierte en amor, protección y conexión. Cuando la lactancia es posible y deseada, acompañarla no solo mejora la salud del niño, sino también fortalece su bienestar emocional a futuro, ya que ese primer vínculo deja huellas que trascienden la infancia”, concluye Gustavo Pinto.