Hay evidencias que han asociado el consumo de lácteos a una mejor salud cognitiva en adultos mayores. Sin embargo, los resultados de una reciente investigación introducen una “excepción” en ese posible nexo, al vincular un alto consumo de leche entera con una mayor tasa de deterioro cognitivo en personas de este grupo de población que presentan un riesgo elevado de enfermedad cardiovascular.
Jiaqi Ni, investigadora predoctoral del Ciberobn, declaró que este trabajo se encuadra en un contexto en el que el aumento de la prevalencia del deterioro cognitivo a nivel mundial, incluida la demencia, es un problema de salud pública cada vez más importante.
“Las estrategias de prevención dirigidas a los factores de riesgo modificables, como la ingesta dietética y los hábitos alimentarios, siguen suponiendo un enfoque prometedor”.
En cuanto a la hipótesis de partida de la investigación, Ni comentó que, “por una parte, los estudios previos han sugerido que el consumo de leche y otros tipos de productos lácteos desempeña un papel beneficioso en la prevención del deterioro cognitivo y la demencia relacionados con la edad. Sin embargo, la evidencia es un tanto controvertida y poco clara, especialmente cuando se valora el consumo a lo largo del tiempo”.
El estudio incluyó a un total de 4.668 participantes con edades comprendidas entre los 55 y los 75 años, que presentaban sobrepeso/obesidad y síndrome metabólico (tener al menos 3 de los 5 criterios: alteración de la glucosa en sangre, altos niveles de triglicéridos, alta tensión arterial, obesidad abdominal y bajos niveles de colesterol de lipoproteínas de alta densidad.
Tras la pista de la grasa saturada
“Los resultados mostraron la existencia de una asociación positiva entre el alto consumo de leche entera y la tasa de deterioro cognitivo en adultos mayores con alto riesgo de enfermedad cardiovascular, en comparación con los que consumían menos cantidad de leche durante un periodo de dos años de seguimiento; es decir, las personas que más consumían leche entera mostraban deterioro cognitivo.
Una posibilidad que barajan los investigadores apunta al contenido en grasas saturadas sobre los factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la diabetes de tipo 2, la hipertensión y la dislipidemia.
La Dra. Naiara Fernández, experta en nutrición, no participó en la investigación, pero había relacionado el beneficio de la ingesta de lácteos en la enfermedad de Alzheimer por su capacidad para la inhibición de citocinas inflamatorias, la reducción del estrés oxidativo y para evitar el depósito de beta-amiloide.
“Asimismo, la ingesta de lácteos se ha asociado a la prevención de eventos cardio y cerebrovasculares, por ser un factor protector para la instauración de la hipertensión arterial y la diabetes de forma independiente. Todos ellos son factores de riesgo para la aparición de deterioro cognitivo”, agregó la Dra. Fernández.
Otra de las evidencias arrojadas por esta investigación es que el efecto negativo a nivel cognitivo del consumo de leche entera es más evidente en los hombres que en las mujeres.
Pautas nutricionales
La Dra. Fernández señaló que actualmente se recomienda ingerir a diario tres raciones de lácteos, y recordó la necesidad de asegurar un adecuado aporte de calcio y vitamina D para garantizar la salud ósea y muscular.
Asimismo, la Dra. Fernández comentó otras evidencias que, en línea con esta investigación, vinculan determinados nutrientes con la salud cognitiva: “Hay múltiples estudios que han relacionado la ingesta de alcohol con el desarrollo de la demencia, degenerativa o de forma indirecta por la aparición de eventos vasculares que, a largo plazo, condicionan la instauración del deterioro cognitivo. Asimismo, la ingesta de productos con elevado índice glucémico (azúcares simples, pan blanco…) también predispone a la pérdida de función cognitiva, incluso en personas no diabéticas”.
Para Fernández hay que evitar el consumo de alcohol, limitar la ingesta de sal, de productos ricos en grasas saturadas y de elevado índice glucémico, a lo que hay que añadir la consideración del uso de productos lácteos pobres en grasas en el caso de presentar un riesgo vascular elevado.
Finalmente, Ni incidió en que el deterioro cognitivo es un proceso que progresa a largo plazo, “por lo que sería interesante dar continuidad a este estudio, sobre todo cuando acabemos los 6 años de intervención del proyecto Predimed-Plus, para estudiar en ese momento las asociaciones del consumo de lácteos y el cambio de la función cognitiva a los 6 años de seguimiento, enfocando la investigación en la significación de las evidencias clínicas”.