La diabetes, la obesidad, la hipertensión, el estilo de vida y dormir mal o poco son factores o la combinación de ellos que contribuyen a los Accidentes Cerebrovaculares (ACV) Isquémicos y al aumento de las muertes por esta causa.
Un estudio reciente, publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología, muestra que la cantidad de muertes en todo el mundo por ACV Isquémico aumentó de 2 millones en 1990 a más de 3 millones en 2019. El número de casos se espera que se incremente a casi 5 millones para 2030 y se prevé que las muertes podrían ser una epidemia en los próximos siete años.
Los especialistas advierten que los ACV están al orden del día y se expanden entre la población mundial. Piden estar alertas a las señales que envía el organismo e insisten en que una asistencia inmediata puede reducir el daño cerebral y otras complicaciones e, incluso, la muerte.
Ana (68) se recuperaba de una cirugía por complicaciones de la diabetes, cuando de pronto comenzó a sentir dolores en la región de cuello y una sensación de abombamiento de la cabeza. Lo primero que pensó fue que se trataba de presión alta, lo que se descartó porque sus niveles estaban dentro de normal.
A medida que pasaban los minutos y horas fue perdiendo la fuerza muscular, empezó a tener dificultades para llevar la comida a la boca porque no lograba coordinar bien. Luego sintió mareos, pérdida del equilibrio, confusión, dificultad para hablar y pérdida de la memoria.
Su deterioro general y cognitivo era evidente en medio de la desesperación de sus familiares que no sabían qué hacer para detener y revertir el cuadro. Consultaron a los especialistas y, tras una tomografía y otros estudios, el neurólogo concluyó que se trataba de un ACV Isquémico por la obstrucción de una arteria que va al cerebro.
El tratamiento consistía en una angioplastia con colocación de stent, una cirugía no invasiva que debía hacerse de forma urgente. Afortunadamente, tras el procedimiento sus funciones fueron restableciéndose de forma progresiva, pero necesitó de acompañamiento de fisioterapia y medicación específica.
LOS ESTUDIOS
La dificultad para hablar, parálisis o entumecimiento de la cara, el brazo o la pierna son síntomas de que se interrumpió o se redujo el suministro de sangre a una parte del cerebro, lo que impide que este reciba oxígeno y nutrientes. Cuando esto sucede es que la persona está frente a un ACV.
El estudio de la Academia Estadounidense de Neurología muestra que las muertes en todo el mundo por accidente cerebrovascular aumentan. El número de casos se espera que se incremente a casi 5 millones para 2030.
“Este aumento en el número de muertes a nivel mundial por accidente cerebrovascular isquémico junto con un mayor aumento previsto en el futuro es preocupante, pero este problema es altamente prevenible”, dijo la autora del estudio Lize Xiong, MD, de la Universidad de Tongji en Shanghái, China.
La investigación fue apoyada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China, el Cuarto Hospital Popular de Shanghai, el Programa Nacional de Investigación y Desarrollo Clave de China y la Fundación de Ciencias de la Naturaleza de Shanghai.
FACTORES DE RIESGO
Hay factores de riesgo que contribuyeron a la mayor cantidad de ACV, como el tabaquismo, dieta alta en sodio, presión arterial alta, colesterol alto, disfunción renal, azúcar alta en sangre y el Índice de Masa Corporal (IMC) alto.
Cuando tomaron en cuenta los factores de riesgo, los científicos predijeron que las muertes por accidente cerebrovascular podrían llegar a 6,4 millones si estos no se controlan o previenen.
“Este estudio brinda una perspectiva perspicaz sobre la carga global del accidente cerebrovascular isquémico”, dijo el autor editorial Carlos Cantú-Brito, médico investigador de la Clínica de Accidentes Cerebrovasculares del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud y Nutrición Salvador Zubirán en México.
Destaca que para evitar estos daños se deben promover estilos de vida saludables, incluida la actividad física regular, las dietas bajas en sal y el abandono del hábito de fumar.
EL SUEÑO
Los problemas con el sueño podrían aumentar cinco veces el riesgo de sufrir un ACV.
Roncar, dar vueltas en la cama, dormir la siesta durante mucho tiempo, despertarse en la noche y dormir poco o dormir demasiado contribuyen a tener un descanso de mala calidad y pueden aumentar el riesgo de sufrir un ACV, descubrió un estudio.
“Tener más de cinco de estos síntomas puede suponer un riesgo mayor de sufrir un ACV en comparación con quienes no tienen ningún problema de sueño”, afirma Christine McCarthy, autora del estudio de la Universidad de Galway, Irlanda.
Los resultados mostraron que las personas que dormían menos de cinco horas por noche en promedio tenían tres veces más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular que las que dormían siete horas, el mínimo recomendado para adultos.
La apnea del sueño no tratada también supone un riesgo.