Mientras la Unión Europea se propone reducir en un 50% el uso de pesticidas químicos de aquí a 2030, la industria busca soluciones y se prepara para comercializar nuevos productos. Entre ellos figuran los pesticidas genéticos o pesticidas de ARN de interferencia (ARNi), que causan inquietud entre los ecologistas. Un análisis de la ONG Pollinis revela el alcance de sus efectos.
Las víctimas no siempre son los objetivos. Esta podría ser la conclusión a la que llega un informe publicado el martes 20 de junio por la ONG Pollinis sobre los pesticidas genéticos emergentes, o pesticidas de ARN de interferencia (ARNi). Productos desarrollados tanto por pesos pesados de la industria -como Syngenta y Bayer-, como por start-ups a la vanguardia del campo genético. En 2020 y 2021, Francia acogió al menos tres ensayos en campos abiertos de esta nueva generación de pesticidas. Se supone que estos productos atacan la expresión genética de funciones vitales en ciertos insectos devastadores. Sin embargo, según la ONG, es muy probable que hagan lo mismo con otros insectos polinizadores, que no son plagas y, por tanto, no son su objetivo. Error de objetivo "Estos pesticidas actúan apagando la expresión genética de los insectos. En una mariposa, por ejemplo, decidimos que vamos a impedir que mude apagando el gen responsable del fenómeno de la muda, explica a RFI Cécile Barbière, responsable de información de la ONG Pollinis. Las empresas que los desarrollan afirman que estos pesticidas se dirigen a genes muy específicos de insectos que asolan los cultivos y que es improbable que afecten a otros insectos. No es cierto, afirma la ONG: Los insectos tienen una historia evolutiva común, lo que significa que comparten gran parte de su patrimonio genético. Así, si se quiere desactivar el fenómeno de la muda en una mariposa que está asolando sus cultivos de tomates, por ejemplo, hay muchas posibilidades de que se produzca el mismo fenómeno en toda una serie de otras especies, como primos con los que comparten gran parte de su patrimonio genético". Para respaldar sus dudas, la ONG estudió un panel de 26 plaguicidas de ARNi en fase de desarrollo y comparó las secuencias genéticas atacadas en las plagas de insectos con las de las especies que no eran objetivos. El informe concluye que, de los 26 productos estudiados, más del 50% causarían efectos letales en los polinizadores no objetivo (14 de 26). Unas 136 especies diferentes de insectos polinizadores podrían verse afectadas por uno u otro de estos productos. Entre los insectos afectados: la abeja europea de la miel, el abejorro, la mariposa monarca... Falta de estudios El pesticida está disponible en forma de aerosol. También puede propagarse en forma de virus por la planta. Los fabricantes afirman que esta técnica es muy precisa y que se inspira en mecanismos naturales. Pollinis plantea otro problema: hoy en día no hay suficientes estudios para evaluar adecuadamente estos nuevos pesticidas. No se han realizado pruebas de seguridad. Sin embargo, algunos eurodiputados presionan para que estos productos se clasifiquen como productos naturales. La ONG teme que las normas de autorización de comercialización de estos pesticidas genéticos sean demasiado laxas, y reclama evaluaciones más exhaustivas para garantizar que estas sustancias no afectarán a la salud de otras especies, incluida la nuestra. También pide que se ponga fin a los experimentos que se realizan actualmente en campo abierto.