A sus 39 años, Ximena Takey Cabrera es un ejemplo de perseverancia y reinvención. Nacida en Santa Cruz, decidió migrar a Japón hace 15 años, aprovechando la descendencia japonesa de su papá, Yoshihiro Takey, originario de la isla Awajishima, en Hyogo-ken.
Su madre, Elodia María Cabrera (†), nacida en San Miguel de Velasco, falleció cuando Ximena tenía apenas 16 años.
El viaje al otro lado del mundo estuvo motivado por la búsqueda de mejores oportunidades, pero con el tiempo encontró mucho más que estabilidad: construyó un nuevo hogar, una comunidad y una historia de éxito personal.
Hoy, Ximena es creadora de contenido y trabaja activamente en las redes sociales, donde comparte su vida, su cultura y su día a día en Japón. En TikTok suma de 578 mil seguidores, mientras que en Instagram tiene 8 mil y en Facebook alrededor de 14 mil. Además, se desempeña trabajando en moto como repartidora para Uber, demostrando que no existen límites cuando el esfuerzo acompaña a los sueños.
Mujer de mil oficios, cuenta que tiene un emprendimiento de pan casero camba y salteñas, que envía a comunidades bolivianas en casi todo Japón, manteniendo vivas las raíces culinarias de su tierra natal.
El destino también le regaló una historia de amor digna de película. Gracias a las redes sociales conoció a su esposo, Askin Gürsoy, un ciudadano turco con quien lleva 12 años de relación. “Las redes sociales me dieron la oportunidad de comenzar una historia nueva y formar la hermosa familia”, dice con emoción. Hoy es madre de tres hijos: Yoshihiro (19), Ekrem Akira (6) y Eflin Hana (2). Y con una energía que contagia en cada video, Ximena continúa inspirando a miles de personas con su carisma, su valentía y su capacidad de salir adelante lejos de casa.
- ¿Qué fue lo más difícil en su cambio de vida en Japón?
Lo más duro fue dejar a mi familia. Es muy difícil vivir afuera. Es difícil empezar de cero en un lugar totalmente diferente en cultura y estilo de vida. Primero llegué sola y luego vino mi hijo mayor. Estar separada de él fue lo más doloroso, especialmente en un país donde no sabía el idioma, no tenía amigos ni familia. Hubo días en los que quería tirar la toalla, pero gracias al amor por mi hijo encontré la fuerza para seguir adelante y superar tantas adversidades.
- ¿Cómo cambió tu vida?
Entre la soledad, la rutina de trabajo-casa y el estar lejos de la familia, Japón te enseña a ser fuerte. Me cambió la mentalidad, aprendí a ser disciplinada, a respetar horarios y a valorar cada pequeño logro.
- ¿Cómo logras organizarte con tu trabajo, familia y redes sociales?
Soy creadora de contenido cada día en TikTok, tengo un emprendimiento de pan casero y salteñas. Hago entregas de Uber Eats. Me organizo por horarios y metas semanales para no descuidar a mis hijos en el colegio.
- Tienes miles de seguidores, especialmente en TikTok, ¿cómo conectas con tu audiencia?
-Me siguen porque soy auténtica, muestro la vida real, sin máscaras, comparto mis experiencias buenas y malas, todo mi proceso de mujer ‘busca vida’ y eso los inspira.
- ¿Qué comparten tus seguidores?
No solo me envían mensajes, mucho me cuentan sus historias, a veces me piden que sea la voz de ellos compartiendo sus vivencias mediante mis videos y me agradecen por motivarlos. La comunidad boliviana siempre se hace sentir, y yo también trato de darles la información que ellos necesitan.
- ¿Qué es lo que más extrañas de Bolivia, y tu amada Santa Cruz?
Extraño a mi familia, en especial a mi padre y nuestras salidas a pescar. Extraño la comida y esa energía única de Bolivia que no se siente en ningún otro lugar. Japón me ha dado muchas cosas, pero sabemos, los japoneses son ‘fríos’.
Desde el saludo se nota la diferencia: los japoneses no te dan la mano, solo agachan la cabeza con mucho respeto y no existe el contacto físico. En Bolivia estamos acostumbrados a los abrazos, apretones de mano o besos en la mejilla. Aquí no existe eso, y es justamente lo que más se extraña: el ruido, los niños corriendo en los barrios, el calor de la gente, la hospitalidad y esa cercanía tan nuestra de los cruceños.
- ¿Qué se viene por delante como creadora de contenido?
Quiero seguir creciendo en redes sociales y ampliar mi comunidad. Sueño con abrir más puertas, conocer personas que me ayuden a crear proyectos que inspiren y apoyen a más mujeres solas a buscar sus propias oportunidades.
Me gustaría ayudarlas a recuperar su autoestima y demostrar, desde mi experiencia, que siempre se puede volver a empezar.
Y, por supuesto, me encantaría llevar mis aprendizajes a Santa Cruz y otras ciudades, quiero aportar algo a mi querida Bolivia.