Por: Patricia Roca
Comunicadora. Catequista
En cada corazón femenino late una historia de fe, hecha de pequeñas luces cotidianas, oraciones al amanecer y gestos de amor que dejan huella. En el caminar de la vida, muchas mujeres descubren en los santos un reflejo del amor fiel de Dios, compañeros que inspiran, sostienen y enseñan a mirar el cielo mientras se vive con los pies en la tierra.
¿Qué santos, modelos de amor, fidelidad y esperanza te acompañan y te inspiran a vivir la santidad en lo cotidiano?
Recordar con amor también es celebrar la vida y la santidad. La Fiesta de Todos los Santos y el Día de los Difuntos son momentos para honrar la memoria de quienes amamos, no desde la tristeza, sino desde la esperanza cristiana. A través de la oración y las tradiciones familiares mantenemos viva la fe, la comunión entre generaciones y la alegría de saber que nuestros seres queridos siguen presentes en el amor de Dios.
Cada persona lleva en su historia hombres y mujeres santos, son las madres, padres, abuelos, amigos que dejaron huellas profundas e inspiran con su ejemplo.
Ellos nos transmitieron historias, valores y devociones que nos animan a vivir con confianza en la Providencia divina.
Sor Consuelo Beltrán Moreno, franciscana angelina, comparte su tierna devoción a San José, a quien considera el santo de la Divina Providencia. Lo invoca cada día con fe, experimentando su ayuda en lo espiritual y lo material.
El padre José María Hernando, pasionista, elige a San Pablo de la Cruz, fundador de su congregación. Lo admira por su cercanía al pueblo. En sus predicaciones, San Pablo recordaba que contemplar la Cruz es descubrir el amor de Dios.
Otro ejemplo, el padre Eugenio Sainz de Baranda, carmelita descalzo, relata que Santa Isabel de la Trinidad “me ayudó a descubrir la riqueza de la vida interior”.
Padre Eugenio resume su experiencia con una frase luminosa:
“Lo mejor de mí está dentro de mí. Lo mejor de usted está dentro de usted, no lo olvide.”
La Iglesia ha reconocido a más de diez mil santos. Sus vidas nos animan a buscar la santidad en lo cotidiano: amar en lo pequeño como Santa Teresita del Niño Jesús, y cuidar con ternura la creación como San Francisco de Asís.
Ser santos no es un sueño imposible, es vivir con amor cada día, dejar que Dios transforme lo ordinario en extraordinario.
Tal cual, San Antonio de Padua, uno de los santos más populares de la Iglesia Católica, el patrón de los pobres y desfavorecidos, su popularidad se extiende a su reputación de Santo casamentero, ‘hacedor de milagros’.
En este tiempo de celebración y memoria, abramos el corazón para redescubrir la presencia divina que habita en nosotros, que es confiar activamente en la guía y el sustento de Dios.