Por: Valeria Nazer de Parada
Coach de vida y familia
Uno de los retos que exige la crianza de hoy, es aprender a conectar con los hijos. Vivimos en un mundo de conexión tecnológica, pero desconexión familiar. Es así como la vida transcurre entre charlas muy superficiales y rápidas, pero eso si muchas horas invertidas en los dispositivos.
Comunicación en casa.
Conectar con los hijos es crear oportunidades de diálogo, de situaciones para conocerse, compartir y fortalecer la confianza.
La idea es que nuestros hijos nos vean como su primera opción ante dudas, miedos, problemas e inquietudes, sino ocurrirá que todas esas cosas las buscaran en los amigos o las redes sociales.
Para conectar debemos pasar tiempo de diálogo, pero también de diversión. Acciones que pueden muy bien llevarse a cabo los fines de semana, por ejemplo.
Trabajemos con los niños hoy y evitemos posibles situaciones delicadas mañana. Aclarado esto, es necesario que los días de descanso (fines de semana, feriados, vacaciones) sean para desconectarse de todo aquello que esté vinculado al quehacer cotidiano entre el colegio y el trabajo.
Tiempo para conectarse con mamá, papá y hermanos. Cada familia puede buscar sus actividades de conexión.
Cuando nuestros hijos sienten que además de vivir en una casa con la familia tiene un hogar, desarrollan el sentido de pertenencia e identidad, de ese modo se previenen una serie de situaciones que podrían desencadenar cuando se sienten ajenos, alejados y cuando la familia no es su lugar seguro.
Al ser invierno se complica un poco las actividades al aire libre, por eso los padres deben ser bastante creativos para que este tiempo tampoco transcurra únicamente entre la televisión o los dispositivos electrónicos. Siempre pensando en el bienestar de los niños, lo ideal es aprovechar para hacer cosas que por falta de tiempo no se hacen, como organizar nuevos espacios en familia.
Jugando en casa
Preparar juntos la cena, a los niños les encanta ayudar a cocinar, es parte de la cultura familiar, seguir una receta probando los sabores de los alimentos.
Tener conversaciones individuales con cada hijo para evaluar su desempeño en sus responsabilidades hasta el momento, qué hace bien y qué puede mejorar.
Crear juntos en una cartulina y con recortes de revista un mapa de sueños y proyectos personales y compartirlo en una noche de familia.
Traten de componer juntos una canción o regálense tarjetas hechas a mano.
Hagan una sesión de fotos divertidas, todos vístanse de una misma temática.
Arreglar cosas descompuestas que por falta de tiempo se posterga.
Jugar después de la cena, por ejemplo, a Verdad o Reto, inventarse historias, cine mudo, cuenta cuentos, etc.
Planificar el día para que los niños descansen, coman, hagan alguna actividad física o artística, ordenen su cuarto o jueguen.
Una cena especial donde aprovechen a decirse las cosas que más aprecian cada miembro de la familia y también promuevan el contar si hay algo que les preocupa para que todos puedan apoyarle y resolver eso antes de volver a clases.
Los fines de semana y feriados pueden convertirse en un tiempo maravilloso para disfrutar en familia. Para recargarse en amor, fortalecer la motivación, y que mejor forma de hacerlo que compartiendo en ese tiempo donde no hay rutina, ni tareas, ni horarios, ni notas, es un recreo largo y placentero niños y grandes.