El presidente Rodrigo Paz Pereira ratificó ayer la necesidad de que Bolivia encare un nuevo ciclo diplomático con Chile. Lo hizo con un mensaje enfocado en el pragmatismo, la estabilidad y la urgencia económica que enfrenta el país, pero sin renunciar al eje histórico del acceso soberano al mar. Desde la Amazonia, en ocasión de los actos por los 183 años del departamento de Beni, Paz remarcó la necesidad de dejar atrás los condicionamientos ideológicos en el desarrollo de la nueva agenda con el país vecino.
“Tenemos que cambiar nuestra relación con Chile, sin dejar jamás de lado nuestra irrenunciable lucha por nuestro mar. Pero también, al ser países fronterizos, tenemos que dar de comer a nuestra gente; nuestra gente necesita gobiernos ágiles, rápidos y flexibles para cambiar nuestra historia”, afirmó el mandatario tras recordar que ya abrió un canal de diálogo con el presidente Gabriel Boric, quien —sin embargo— dejará el poder en marzo de 2026.
En todo caso, Paz Pereira explicó que se debería coordinar con Chile una estrategia para coordinar una “estrategia de comunicación e infraestructuras”, que modernice el vínculo bilateral.
Alejado de los códigos enarbolados por dos décadas, el mandatario insistió en que “nunca más” Bolivia debe cargar “mochilas ideológicas o políticas”, porque “el Estado no es de un partido; es de los bolivianos”.
Las palabras de Paz se producen en un momento de inflexión geopolítica. Hace apenas unos días, Boric asistió a su investidura, un gesto histórico tras 19 años sin presencia de un presidente chileno en una transmisión de mando en Bolivia. Ese encuentro dio paso al repaso de una agenda bilateral que quedó congelada hasta la renovación del poder en Santiago.
En la primera vuelta electoral celebrada en Chile el pasado domingo, la comunista Jeannette Jara obtuvo el 26,8% de los votos y el derechista José Antonio Kast el 23,9%. Ambos disputarán el balotaje del 14 de diciembre en un contexto donde estos temas como el crimen organizado, la migración irregular y la seguridad fronteriza, dominan el debate.
Bolivia, pese a no estar en el centro de la agenda pública chilena, apareció en los discursos más duros de la derecha, especialmente asociados a la presión migratoria por la frontera norte. Kast, en campaña, prometió restablecer relaciones diplomáticas “desde el día uno”, mientras que sectores más radicales propusieron incluso cierres totales de frontera o expulsiones masivas. La candidata Jara no se ha referido a Bolivia en su campaña.
Para el abogado y ensayista Gonzalo Mendieta, el escenario abre una oportunidad inédita, pero también exige cautela: “Hay un clima distinto para emprender nuevas cosas en los dos países, pero lo peor que podríamos hacer es apresurarnos. Chile vive una campaña donde Bolivia aparece ligada a problemas de seguridad, migración irregular y crimen organizado. Si no anticipamos soluciones conjuntas, eso puede escalar”, mencionó.
El analista sostuvo que cualquier avance real deberá combinar firmeza diplomática con realismo operativo. Consideró que el tablero regional —liderado por la transición energética, el boom del litio, el peso de las tierras raras y la necesidad de corredores logísticos estables— obliga a Bolivia y Chile a replantear su relación desde parámetros de cooperación. “Los minerales críticos, los recursos hídricos compartidos y la seguridad fronteriza convierten a esta región en un espacio donde la integración ya no es opcional. Hay una papa caliente que resolver, y si no se la atiende anticipadamente, terminará en fricción”.
El canciller de Chile, Fernando Aramayo, había adelantado una postura clave para comprender el momento actual: paciencia estratégica. Según explicó, Bolivia no puede acelerar ningún proceso diplomático mientras Chile atraviesa una transición electoral.
Aramayo llamó ayer, en ocasión del aniversario 180 del Himno Nacional, a “ponerle el hombro a Bolivia” y explicó que la Cancillería está en un proceso de reordenamiento estratégico para fortalecer las áreas esenciales de la política exterior.