En cada elección, los barrios se llenan de promesas y regalos. El vecino de pronto ve su puerta tocada por candidatos sonrientes, que llegan con poleras, gorras y banderas. Pero también hay brigadas médicas, ollas comunes, atención veterinaria, bolsas de víveres, cursos de capacitación y algunos afortunados consiguen hasta un techo, para resguardarse de las inclemencias del tiempo.
No es solo el valor del obsequio, sino el gesto que despierta una ilusión de cercanía y atención. Para muchos, esos regalos se convierten en un alivio real en tiempos de necesidad. La campaña se transforma en un puente momentáneo entre la política y la gente, en el que el vecino se siente reconocido y beneficiado.