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Camacho vuelve a casa y Santa Cruz celebra la libertad de su gobernador

Domingo, 31 de agosto de 2025 a las 00:00

La noche en que Santa Cruz volvió a abrazar a su gobernador estuvo marcada por lágrimas y banderas. Camacho se reencontró con su familia y levantó en brazos al hijo que no vio nacer, en un gesto que unió libertad y esperanza.

 

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El mediodía de este viernes, la espera de casi tres años llegó a su fin. Los documentos que abrían las puertas de Chonchocoro -dos mandamientos de libertad y dos de detención domiciliaria- llegaron finalmente al penal de máxima seguridad en La Paz. “Saldrá caminando en los próximos 30 a 40 minutos”, adelantó a EL DEBER en ese instante su abogado, Martín Camacho, mientras la expectativa en Santa Cruz crecía minuto a minuto.

A las 14:15, tras 975 días de encierro en condiciones que su defensa calificó de precarias, Luis Fernando Camacho, gobernador electo de Santa Cruz, apareció ante las cámaras. Una multitud de periodistas se agolpó a las afueras del penal, en un revuelo que rompía el silencio gélido del altiplano paceño. El líder opositor abandonaba las rejas, no con la cabeza gacha, sino con la frente en alto, una gorra negra volteada, la banda de su investidura en el pecho y la bandera verde, blanco y verde en las manos.

Jamás huir, jamás venderme al Movimiento al Socialismo, jamás arrodillarme”, fueron sus primeras palabras al reencontrarse con la libertad. La voz quebrada por la emoción contrastaba con la firmeza de sus convicciones. Camacho habló de sacrificio, de dolor por no haber visto crecer a su hijo, de las noches difíciles en prisión. Pero también habló de fortaleza, de fe y de dignidad. “Lo dije siempre, voy a salir por la puerta grande. Jamás negociando con el MAS. Ese es el honor más grande que le puedo dar al pueblo”, aseguró.

No ocultó su decepción con el vicegobernador Mario Aguilera, a quien calificó de traidor, pero rápidamente regresó al tono de compromiso con su tierra. “Voy a llegar al aeropuerto y directo nos iremos a Casa de Gobierno. Piso suelo cruceño y de nuevo asumo mis funciones. Tenemos que salvar la gestión en estos pocos meses de la mala administración que ha habido”, anticipó.

Durante los días de encierro, Camacho enfrentó un torrente de procesos judiciales. “Golpe I”, “decretazo”, “carro bombero” y el caso del paro de 36 días de 2022, entre otros, fueron parte de las causas que lo mantuvieron tras las rejas. En varias ocasiones su defensa pidió medidas sustitutivas, pero una y otra vez la Justicia le negó la libertad. Hasta que, tras las recientes elecciones generales y un instructivo emanado desde la Presidencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), los juzgados comenzaron a levantar las medidas cautelares una tras otra, abriendo una salida inesperada para el gobernador cruceño.

 
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Se desata la euforia

El anuncio de su salida del penal corrió como reguero de pólvora por Santa Cruz. Cientos de ciudadanos comenzaron a concentrarse desde temprano en el aeropuerto Viru Viru, convocados por las redes, ondeando banderas y entonando cánticos en espera de su líder. La cita estaba marcada para la tarde, pero el fervor no dejó de crecer durante horas.

Cerca de las 19:00, el avión privado que traía a Camacho desde La Paz aterrizó en suelo cruceño. A su descenso, el gobernador se arrodilló y besó la tierra de su región, un gesto que desató la euforia. El recibimiento fue multitudinario: abrazos, lágrimas y gritos de “¡Camacho, Camacho!” retumbaron en cada rincón del aeropuerto.

El encuentro trajo también momentos especialmente emotivos, como el encuentro con su hijo Rafael, que nació cuando el gobernador ya estaba tras las rejas del penal paceño, el abrazo interminable que se dio con su padre, “Papito” Camacho, y el afecto que se prodigó con su esposa, Fátima Jordán.

En el aeropuerto también lo esperó otra sorpresa; Zvonko Matkovic, su amigo incondicional, le hizo entrega del bastón de mando, como símbolo del poder recuperado.

Minutos después, a bordo de un Jeep Willys, inició una caravana interminable rumbo al corazón de la capital cruceña. Motos, camionetas y banderas flameando acompañaron al líder opositor en un trayecto que se convirtió en desfile popular, al estilo de las concentraciones cuando el pueblo entero denunciaba el fraude electoral de 2019. El destino era claro: la plaza 24 de Septiembre, el símbolo de la resistencia y el lugar de encuentro de las grandes movilizaciones cruceñas.

La escena tuvo la fuerza de un regreso triunfal. Camacho, quien debería mostrarse debilitado físicamente por los problemas de salud que lo aquejaron durante su encierro, se mostró más firme que nunca, rodeado por su familia, sus abogados y sus más cercanos colaboradores. En sus palabras resonaba la idea de una misión cumplida: “Este sacrificio fue un compromiso. Jamás huir, jamás rendirme”.

El pueblo que nunca dejó de reclamar su libertad celebraba su regreso con júbilo. Las bocinas de los vehículos, los aplausos, los abrazos improvisados y el ondear incesante de la bandera cruceña pintaban una jornada que quedará inscrita en la memoria colectiva de Santa Cruz.

Camacho no solo volvió a su tierra después de casi mil días de prisión. Volvió con la promesa de reasumir funciones, de recuperar la Gobernación que considera mal administrada en su ausencia, y de mantener viva la lucha que lo llevó a enfrentar procesos, encierro y aislamiento.

La excarcelación del gobernador de Santa Cruz fue mucho más que un trámite judicial. Fue la reafirmación de un lazo entre líder y pueblo, un pacto de resistencia que sobrevivió al tiempo, a la distancia y a la adversidad. El viernes 29 de agosto quedará grabado como el día en que Camacho volvió a casa y Santa Cruz volvió a abrazar a su gobernador.

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