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Bolivia cierra 20 años de hegemonía del MAS con luces sociales y sombras políticas

Martes, 30 de diciembre de 2025 a las 18:48

El ocaso culminó en 2025 con una derrota electoral histórica. En las elecciones nacionales, el partido que dominó la política boliviana desde 2006 obtuvo apenas un porcentaje mínimo de apoyo, marcando el fin de casi dos décadas de influencia plena 

Del diputado cocalero que, con visible nerviosismo, pidió disculpas públicas al entonces mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada por haberlo llamado “presidente vagabundo”, a la adquisición de un avión de lujo (originalmente encargado por el club inglés Manchester United) con el que recorrió el mundo y asistió a partidos de distintos Mundiales de Fútbol, la trayectoria del Movimiento al Socialismo (MAS) en el poder en Bolivia está estrechamente ligada a la figura de Evo Morales y condensada en esa ironía histórica. Entre claroscuros, luces y sombras, el MAS dejó una marca profunda en la vida política, económica y social del país durante 20 años.


El ascenso del MAS se gestó en medio del colapso del sistema político tradicional, tras la crisis social y política que derivó en la salida de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y la posterior renuncia de Carlos Mesa. Evo Morales, dirigente cocalero del Chapare y diputado nacional, capitalizó el descontento social. Su victoria electoral en diciembre de 2005, con más del 50% de los votos, marcó un punto de quiebre en la historia: por primera vez un líder “indígena” asumía la Presidencia y un partido de origen sindical y campesino alcanzaba el control del Estado.


La nacionalización de hidrocarburos y la reforma del Estado llevaron a un crecimiento económico sostenido y a una reducción notable de la pobreza extrema, que cayó de cifras superiores al 38%, a cerca del 15% antes de la crisis económica de años recientes, y la inclusión política de pueblos indígenas quedó consagrada en la Constitución de 2009 que instauró el Estado Plurinacional.


Sin embargo, ese periodo también estuvo marcado por episodios críticos de confrontación y represión. La intervención policial y militar en conflictos como los de Chaparina, La Calancha y otros enfrentamientos sociales generaron divisiones profundas en la sociedad. El escándalo nacional del caso Gabriela Zapata, con la relación personal de Evo Morales con la empresaria vinculada a la contratista china CAMC y las acusaciones de tráfico de influencias, sacudió la política boliviana en 2016 y marcó un punto de desgaste de su imagen pública.


A la par, surgieron acusaciones de corrupción, como las que involucraron al Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas (Fondioc) y arbitrajes internacionales perdidos que costaron al Estado millones de dólares, con exprocuradores como Héctor Arce Zaconeta o Wilfredo Chávez señalados por la oposición como responsables de fallas estratégicas. 


El MAS protagonizó también momentos de fractura interna y crisis política: la renuncia forzada de Morales en 2019 tras el fraude electoral, la gestión transitoria y el retorno del MAS al poder con Luis Arce Catacora en 2020. Sin embargo, la relación entre Arce y Morales se deterioró con el tiempo, profundizando divisiones internas y debilitando la cohesión partidaria.


Figuras del MAS, como Álvaro García Linera, Gabriela Montaño, Carlos Romero, Sacha Llorenti, Hugo Salvatierra, Juan Ramón Quintana, Julia Ramos, Nemesia Achacollo y otros tuvieron sus propios escándalos. Al mismo tiempo, la fallida proyección de Andrónico Rodríguez, cerró un capítulo de la historia política boliviana.


Hoy Bolivia mira hacia adelante, con un nuevo rumbo político que se aleja de la era del MAS, mientras el país revisa los símbolos, debates y disputas que definieron dos décadas intensas de transformación social y confrontación política.

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