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Vamos despacio, que tengo prisa

Miércoles, 17 de diciembre de 2025 a las 04:00

El título hace alusión a un viejo refrán español. Como toda sabiduría popular, el dicho trata de simplificar una realidad que se replica en muchos escenarios y aconseja hacer las cosas con calma y cuidado, incluso si hay prisa; porque apresurarse solo lleva a cometer errores y perder más tiempo. Un segundo dicho, como anillo al dedo, permite redireccionar el refrán inicial para describir la truculenta y caótica carrera por seleccionar los candidatos a vocales del Tribunal Supremo Electoral.


Solo mencionar los números ya provoca mareo. La convocatoria se lanzó el 4 de diciembre. En apenas 16 días han evaluado a 440 candidatos bajo dos parámetros. El primero, más formal, consistía en la revisión de los documentos solicitados por la convocatoria. El segundo, solo con aquellos que pasaron el primer corte, debía valorar las cualidades personales y profesionales de los 364 postulantes en carrera.


77 de estos postulantes han superado la valoración de 90 puntos sobre 100. Y, sorprendentemente, dos de ellos obtuvieron la máxima puntuación. Enunciado de esta manera, sería una gran señal para el país saber que hay un buen número de personas idóneas para conducir el órgano electoral. 


Las primeras dudas surgen al saberse que, debido al apuro en asignar los puntajes en esta etapa de valoración, se entregaron sumas mal realizadas. Es muy probable que estos errores sean fruto de las largas horas de trabajo intenso para cumplir los plazos y no de la malicia de algún asambleísta al intentar favorecer a uno u otro postulante. 


Más allá de la debida subsanación de estos errores de suma, lo preocupante es la falta de minuciosidad en la evaluación de los perfiles- 364 en apenas una jornada-. Valorar la idoneidad de los postulantes demanda una revisión más detallada de las cualidades profesionales, académicas y personales. La premura por cumplir el calendario y llegar al 19 de diciembre con ‘la tarea hecha’ está evidenciando los riesgos de la vertiginosa carrera de selección.


En un inicio se cuestionó la eliminación de las pruebas de conocimiento, sean estas escritas u orales, que pudiera ofrecer una referencia más certera de las competencias de los postulantes. Sin esta etapa de la selección, la calificación de los postulantes se centra en la revisión de títulos y certificados entregados, en su momento, a la comisión mixta.


En el camino han excluido a personas valiosas que han demostrado su capacidad y competencia para liderar un proceso electoral transparente. La periodista Mery Vaca, el ex presidente cívico Fernando Castedo – que ya cumplió funciones como vocal del TED en Santa Cruz-, María Cristina Claros – actual presidente del TED cruceño y responsable, en gran parte, de la transparencia en este periodo – o Raúl Peñaranda, periodista que superó las diversas fases pero que no obtuvo la nota mínima de corte establecida por la Asamblea Legislativa Plurinacional. Son solo algunos nombres, y algunos ejemplos de las deficiencias que ha tenido el proceso de selección de candidatos en su afán de avanzar a como dé lugar con los plazos y los tiempos estipulados.


Esta misma situación se replica en los procesos de selección a cargo de las Asambleas Legislativas Departamentales. Para definir las cuatro ternas que remitirán a la ALP, están obligados a cumplir con los mismos plazos de tiempo y privados de la autonomía necesaria para considerar pruebas alternas. 


Ya decía el refrán: ‘vísteme despacio, que llevo prisa’.
 

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