Cecilia Lanza Lobo
Se sabe, aunque no públicamente, que en 2016, a propósito de los 35 años del golpe de Estado de 1980 que acabábamos de recordar, el gobierno argentino, a través de su embajada en La Paz, hizo entrega al gobierno boliviano de un informe sobre los vínculos y participación de ambos países durante las dictaduras militares de la época.
Se sabe también que ni el canciller Choquehuanca, ni el vicepresidente Álvaro García Linera, ni el propio presidente Evo Morales le dieron la más mínima importancia. Y ese hecho, que ciertamente nos arrebata, al segundo siguiente no, porque durante 20 de gobierno el MAS soslayó un pedido esencial cuya importancia nunca comprendió: desarchivar los documentos clasificados de las Fuerzas Armadas relativos a las dictaduras militares. Todos los documentos, no retacitos distractivos. Llegados a este momento político crucial, la pregunta ineludible para los actuales candidatos es: ¿Podríamos aspirar ahora a que Rodrigo Paz, viniendo de donde viene, lo haga? ¿Podría la sociedad pensar que Jorge Quiroga, vehemente defensor de la democracia, pueda ahora probarlo desafiando su propia historia de pupilo del general Banzer, dictador convertido en demócrata?
Antes, algunos detalles. El informe entregado al gobierno boliviano por su par argentino contiene, entre otras cosas, los nombres de los presos políticos bolivianos en Argentina durante las dictaduras militares. Información que en Bolivia es escasa, parcial y dispersa. ¡Cómo no va a ser importante semejante información! No tengo el documento, estoy tras él, pero tengo la palabra nada menos que del embajador argentino que hizo la entrega, Ariel Basteiro, que confirma el desinterés de los personajes antes mencionados. Entonces, recordemos ¿por qué una cosa así es importante?
Porque la memoria es la raíz sobre la que se sostiene toda sociedad. La memoria es nuestra base, nuestro armazón, nuestro esqueleto. Y nunca mejor dicho. Porque los huesos de nuestra memoria cohesionan a nuestra manada. Y en nuestra manada, hace mucho que nos están faltando retazos. Y cuando algo falta, la flaqueza en el andar se nota, porque los seres humanos estamos hechos de memorias que nos nutren, que nos cuentan desde dónde lejos venimos, quiénes estuvieron antes que nosotros, qué hicieron, que soñaron, qué soñamos, hacia dónde vamos. Y sin esa brújula, tenemos pues el alma coja. Es necesario recuperar la memoria robada. ¿Dónde está Marcelo Quiroga Santa Cruz? ¿Dónde está Juan Carlos Flores Bedregal? ¿Dónde están nuestros desaparecidos? ¿Cómo sucedió? ¿Quiénes son los responsables?
Argentina lo entiende bien y obra en consecuencia con una persistencia envidiable, con la paciencia amorosa con que sus antropólogos escarban aquí y allá buscando los huesos de los suyos, los huesos de su manada. Fueron ellos, a través de las Abuelas de Plaza de Mayo, el CELS y otras sólidas organizaciones de derechos humanos, quienes en 2016 pidieron al gobierno norteamericano desclasificar sus archivos, y así sucedió parcialmente. Esa información de interés específico de Argentina, nos fue útil también y aunque las piezas no necesariamente revelen grandes secretos, sí ayudan no solo a confirmar o probar hechos conocidos sino a hilar mejor la historia, a reconstruirla, a explicarla. Esa es su relevancia. A raíz de ese pedido de 2016, en 2019 se produjo la entrega masiva de documentos desclasificados al gobierno argentino. Seguramente ese material también nos sería útil. Hasta donde sé, no lo hemos solicitado y lo que cuenta el embajador Basteiro ratifica la evidencia: el gobierno revolucionario del Estado Plurinacional boliviano nunca tuvo interés.
Así, los fragmentos de nuestra historia continúan desparramados, una parte en la memoria de quienes nunca contaron ni contarán la verdad, y la otra está bajo llave tras las puertas de la institución militar incapaz de afrontar su responsabilidad y entregarle a la sociedad lo que le corresponde: su derecho a conocer la verdad. Su derecho amoroso a encontrar los huesos de su manada. ¿Estará dispuesto a hacerlo el próximo gobierno democrático?