En fecha 27 de septiembre de 2006 en El Deber, se publicó mi artículo Trocha Angosta, haciendo una revisión actual, se puede verificar que a pesar de haber transcurrido 18 años de dicha publicación, en un análisis actual no ha ocurrido ninguna modificación a los conceptos vertidos en dicho artículo, por eso lo reedito hoy con mucho pesar confirmando el estancamiento en el que se encuentra Bolivia.
En el Diccionario de la Lengua Española trocha tiene entre sus acepciones: “camino abierto en la maleza” y “ancho de las vías férreas”. Cuando el presidente Aniceto Arce impuso felizmente (la oposición se oponía) el ingreso del ferrocarril a Bolivia, en ese entonces la empresa de ferrocarriles construyo la trocha férrea en su tamaño angosto y no ancho.
La diferencia es sustancial, por cuanto un ferrocarril con trocha ancha tiene mayor capacidad de transporte, tanto de carga como de pasajeros, y la trocha angosta tiene obvias limitaciones.
En el análisis de Bolivia en su vida republicana podemos darnos cuenta como el concepto de trocha angosta se ha incorporado en todas las actividades y conductas de los habitantes de este país.
Salvando honrosas excepciones, la mentalidad del boliviano (no importa si es originario, mestizo o blanco, o qué otro calificativo se inventará) es lamentablemente de trocha angosta. La visión que se tiene es cortoplacista y de satisfacción inmediata. No tenemos políticas de desarrollo y menos planificación de lo que el país debiera ser en mediano y largo plazo, sólo vemos, analizamos y actuamos para el tiempo cercano.
En el mundo, los llamados países emergentes están buscando introducirse en el mercado internacional, donde se tienen dos puntas: en una, los países desarrollados apoyan las actividades de los países del tercer mundo para que mejoren sus niveles de vida, sus ingresos y consiguientemente, se amplíen los mercados para los productos de aquellos y, en la otra, los países en vías de desarrollo mejoran sus capacidades educativas, profesionalizando a su población, introduciendo mejoras tecnológicas que les permitan acceder directamente al mundo globalizado, mejorando su nivel de vida y sus ingresos, y ampliando sus mercados para adquirir productos del Primer Mundo, pero principalmente para ofrecer y brindar sus productos, su tecnología y su conocimiento.
En Bolivia, con la mentalidad de trocha angosta, que nos limita la visión y la conducta, sólo pensamos en cómo podemos imponer nuestros criterios para beneficio de algunos, siempre en desmedro de los otros, y nunca en beneficio de todos, con metas alcanzables de mejoramiento social y económico para el país y la población en su conjunto.
Tal vez sería un exceso decir que esa mentalidad de trocha angosta es una limitación que arrastramos desde siempre, pero lo que no es exageración, es la actual actitud de no sólo ver lo inmediato, sino de pretender regresar siglos en el tiempo. Bolivia ya está muy atrasada en relación con los otros países, y retornar al pasado, además de ilógico, no sólo nos aleja del progreso (que es ir adelante), sino que también nos saca del contexto en el que se están moviendo los países y el mundo; así seríamos una isla del precámbrico en pleno siglo XXI.
El primer ferrocarril ingreso a Bolivia en octubre de 1890 y todavía seguimos con uno de trocha angosta (con el agravante de que somos un país mediterráneo), pese a que pasaron diferentes administraciones privadas y estatales de los ferrocarriles. Es la respuesta de la mentalidad de trocha angosta que tenemos la que no ha exigido el cambio del ancho de las vías férreas. Este concepto de trocha angosta ha condicionado lamentablemente la conducta de los bolivianos.
Estamos en pleno proceso de cambios profundos y definitorios, ojalá pensemos en éstos con mentalidad de trocha ancha, aunque lo dudo.
Lamentablemente se confirma que no hubo cambios de pensamiento y actitud de trocha angosta y seguimos en la inmediatez y seguir apagando incendios por acá y por acullá.