TikTok es una plataforma de videos cortos que combina entretenimiento y creatividad. Su origen es chino y su algoritmo resulta adictivo, porque atrapa con facilidad al espectador seduciéndolo con su contenido. Los videos son novedosos, breves y muy adecuados para el ritmo acelerado de la vida actual. Por todas partes vemos personas absortas, con la cabeza inclinada alimentando una peligrosa simplicidad cognitiva.
En una ocasión la buena profesora Anel mostró un video que corregía la acústica de una palabra mal escrita. Ella cree en el valor de esa erudición fragmentada. ¿Tiene razón Anel? Veamos:
La mayoría de las personas se entretiene viendo videos cortos, relegando la lectura formativa. No se trata de pereza, es parte de un proyecto social bien orquestado. Al poder le conviene estar rodeado de individuos que no razonan críticamente.
Muchos padres irresponsables permiten que sus hijos pasen largas horas frente a las pantallas sin advertir que esos videos moldean el razonamiento, la memoria y hasta la concepción de vida de los pequeños.
En varias escuelas cruceñas casi nadie lee. Nos estamos volviendo incapaces de leer con profundidad. Esta carencia no es inocua, porque es una nueva forma de desigualdad cognitiva que incita a los más frágiles hacia al entretenimiento adictivo.
Cada video piensa por el espectador distraído. Esa técnica audiovisual condiciona a no pensar, a no leer y a convertirse en parte de una generación de la pantalla con serias dificultades para razonar con buena lógica.
Un video puede contener información con cierto tinte didáctico, pero la simple información no educa. La información (dar forma) debe transformarse en comunicación (compartir) y, finalmente, modificar la conducta para ser verdaderamente educativa. Esto supone un proceso estructurado, organizado en secuencias lógicas y psicológicas. Si no fuera así, la alcaldía cruceña, al colocar letreros de “Infractor” en los parabrisas de los sonrientes conductores, generaría cambios de conducta en ellos.
El pensar bien, bajo de las exigencias de una lógica sólida, es un privilegio alcanzado solo por quienes han invertido en una buena educación. Los buenos padres educan a sus hijos lejos de las pantallas; los envían a escuelas donde los maestros leen y la lectura tiene un valor central, tanto como el ejercicio de la inteligencia. Saben que el contenido de los libros fortalece la capacidad de pensar.
Leer significa comprender para efectuar la transferencia a un nuevo contexto y luego generar cambios de conducta. Einstein afirmaba que el aprendizaje dependía más del entusiasmo del alumno que de la disciplina impuesta por el maestro.
Una víctima directa de esta tendencia es la frágil democracia boliviana. Un elector con dificultades para mantener la atención, cargado de información falsa convertida en currículum oculto gracias al TikTok y con el pensamiento superficial, se convierte en presa fácil de los demagogos. En este país se puede ser corrupto, burlar a la justicia y, aun así, ser respetado.