Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Una mañana escuchaba a una mujer enfurecida que gritaba contra otra persona. Le decía muchas palabras negativas. Tenía una creatividad en la cantidad de cosas malas que le deseaba y eso generaba una impresión muy fuerte. Estaba en el centro de la ciudad viendo como ocurría esa discusión y frente a ellos había una tienda de detalles con un letrero que decía: “Regala flores al amor de tu vida”.
Las tiendas usan un marketing en torno a la afectividad y el amor, porque saben que el ser humano quiere amar y ser amado. Sin embargo, creo que la creatividad en la bondad puede quedar muy corta en relación a la hora de expresarse con rabia y realizar obras malas. Ya decía Jesús “porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz” Lucas 16, 8
En este sentido la vida cristiana parece que está siendo llevada a un lado. En muchos casos se vive los fines de semana un culto religioso, pero que parece que no termina de trascender en la vida cotidiana. Porque la trampa, el hacer daño a los demás y el herir al otro están a la orden del día. Existe una ambigüedad profesando una fe y a la vez realizando pecados institucionales. Por ejemplo: hay quienes tienen claramente un ejercicio laboral deshonesto, en donde se hace daño a muchas personas y aún así, se asiste regularmente a ceremonias religiosas y se dice profesar una fe. Entonces surge la pregunta: ¿la conciencia está cauterizada? ¿Qué es lo que está pasando?
En este sentido cabe aclarar, que todo seguidor de Jesús tiene su propia debilidad y que día a día lucha por vivir una coherencia en su fe, y que, si algún día cae, pues la invitación es a levantarse lo más pronto posible. Pero la referencia que deseo realizar, es al pecado institucional. A todo aquello que se sabe que está muy mal y se sigue cometiendo y favoreciendo. El pecado institucional tiene toda una estructura que favorece la maldad y la crueldad para diversos sectores de la sociedad. Un seguidor de Jesús no puede favorecer actos de corrupción, de inhumanidad, que destruyan familias y generen víctimas en la vida social y económica.
La vida de fe no puede ser una máscara para parecer bueno. Porque aunque se quiera aparentar, la máscara tarde que temprano se va a caer. El ser humano no puede vivir dividido. Querer servirle a dos señores no está bien, como dijo Jesús: “Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues odiará al uno y amará al otro o apreciará al uno y despreciará al otro. No puede estar al servicio de Dios y del dinero” Mateo 6, 24
La experiencia de Dios es algo que nos saca de nosotros mismos. Nos libera de pensar y vivir de la manera más básica. Quienes tienen como ídolo el dinero y las concepciones de creerse muy aventajados porque manipulan la verdad y buscan solo sus intereses a costa de cualquier daño a otros, entonces, no son libres y no son felices.
Cuando en mi experiencia he podido escuchar personas que después de años, caen en cuenta del daño que han hecho a otros, los veo que se ponen muy mal, lloran y recuerdan tantos agravios que hicieron y que no pueden creer tanto daño que realizaron. Entonces recuerdo a san Pablo apóstol cuando dice “hijitos míos por quienes estoy sufriendo nuevamente dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes.” Gálatas 4,19. Porque es ahí donde inicia la conversión, cuando hay conciencia del daño que se ha hecho o que se puede estar haciendo.
La vida espiritual, no es un culto vacío y frio. Es una experiencia de vida que nos enseña a caminar, a servir, a ser honestos, a hacer el bien y a hacer felices a los demás. Quien piensa que portarse mal y rezar no tiene consecuencias porque tiene poder para protegerse, pues me temo decirle que el día que se encuentre consigo mismo y con Dios, no alcanzará la paz que necesita su vida.
Quisiera terminar diciendo que nacer, convertirse a Dios es, como dice el apóstol san Pablo, sentir dolores de parto. Porque nacer no es fácil, pero es lo mejor. Y en este año de jubileo vale la pena nacer, no quedarse en cualquier concepto facilista y en comportamientos que no nos ayuden a edificar y a vivir en Dios.
Su amigo