El gobierno ha manifestado su deseo de normalizar la relación que tenemos con Chile, de modo que sea igual a la que tenemos con países vecinos que no tienen asuntos pendientes con Bolivia de tal magnitud que ameriten no tener relaciones diplomáticas, como es el caso con Chile. Con tal fin ha declarado su aspiración de reestablecer relaciones diplomáticas plenas.
Esa iniciativa claramente significa que este gobierno renuncia a nuestra demanda marítima, a pesar de declarar que “no renunciaremos a nuestra lucha por una salida soberana al mar”. Insistir en ella sería una contradicción absurda con las medidas de acercamiento y buena voluntad que lleva adelante.
Para hacer realidad este acercamiento el gobierno plantea una especie de cambalache de puertos, un “puerto por puerto”, que dé lugar a una mayor integración económica con Chile, otorgándole facilidades en puertos bolivianos sobre ríos fronterizos con Brasil, a cambio de concesiones similares de puertos chilenos sobre el Pacifico, de modo de fomentar un corredor bioceánico de mutuo beneficio económico, con lo cual justificaría el acercamiento a Chile y la de facto renuncia a nuestra reivindicación marítima.
Para empezar, hay que señalar que, al no ser este esquema una concesión por parte de Chile, sino más bien un intercambio de concesiones y beneficios portuarios, no estaríamos logrando nada en términos de algún tipo de compensación por renunciar a nuestra demanda de una salida soberana al mar.
Un acuerdo de esa naturaleza podría tal vez mejorar el acceso a uno o más puertos y su infraestructura en Chile. Pero lo que hay que tener en cuenta es que Chile obtendría lo que quiere: disminuir lo más posible el problema que le supone la insistencia de Bolivia de una salida soberana al mar, por lo cual, después de haber consumado el trato, podría volver a corto plazo a la situación actual de una mínima atención a las condiciones en sus puertos para el comercio exterior de Bolivia.
Bolivia tampoco es imprescindible en los corredores bioceánicos. De hecho, ya existe una carretera que une a Brasil con el Perú, específicamente con el nuevo puerto de Chancay, financiado y construido por China con la finalidad de tener un acceso más barato y expedito a la gran producción agrícola del oeste de Brasil.
Por tanto, un corredor bioceánico a través de Bolivia ya no es la gran solución de acceso al Pacifico para Brasil que podría haber sido a principios de siglo, y no acarrearía los grandes beneficios económicos que asume la propuesta del “puerto por puerto”.
Pero crucialmente, se debe tener en cuenta que, con la propuesta del “puerto por puerto”, no obtenemos nada que no hayamos tenido antes: acceso a un puerto chileno sobre el Pacífico con facilidades especiales, lo cual fue otorgado por el tratado de 1904.
Solo un acceso soberano a un puerto sobre el cual tengamos soberanía puede dar una solución final aceptable a nuestro enclaustramiento. Por eso es que, en cualquier negociación con Chile sobre nuestra reivindicación marítima, no debemos renunciar jamás a obtener una salida al mar con soberanía. La propuesta del “puerto por puerto” está muy lejos de otorgárnosla.
Sin soberanía no podemos realizar la inversión en infraestructura necesaria para evitar, solo como ejemplo, que las gaviotas hagan sus necesidades sobre el trigo que importamos esparcido a la intemperie en el puerto de Arica.
Sin soberanía seguiremos perdiendo el crecimiento económico que el connotado economista Jeffrey Sachs calculó nos cuesta no tener una salida propia al mar.
Sin soberanía creceremos a un ritmo menor, de acuerdo al calculo que realizó NNUU de países mediterráneos del Tercer Mundo en relación a sus pares que gozan de pleno acceso al mar.
No tener acceso propio al mar no se restringe a la parte económica, la cual es por supuesto de vital importancia para un país con las condiciones de desarrollo nuestro. Esa limitación se extiende también a la tan o más importante materia de seguridad nacional.
Basta recordar que en el anterior gobierno un funcionario de quinto nivel del gobierno de Chile, el capitán de puerto de Arica, prohibió la descarga de combustible que se necesitaba con urgencia para que no se pare el transporte y la economía en general. El presidente de Bolivia tuvo que llamar a su par chileno para pedirle un socorro, que interceda y nos haga el sentido favor de destrancar el desembarque del imprescindible cargamento.
Si el funcionario tenía o no razón en prohibir la descarga por cuestiones de mantenimiento del puerto boliviano no es lo importante. Tampoco que el gobierno de turno que imploró al gobierno de Chile que nos permita descargar nuestro combustible haya sido el desastroso gobierno de Luis Arce. Lo importante es que este incidente demuestra que una salida soberana al mar es imprescindible para una independencia plena.
Al presente somos un país dependiente de otro país para el acceso vital al mar, acceso que por cualquier razón nos puede ser negado, siendo así que nacimos como país independiente con costa y puerto sobre el Pacífico.
(*) Columnista circunstancial