¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Síganme los malos

Viernes, 05 de septiembre de 2025 a las 00:00

Por Redacción

Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion

Oh, querida mente, 
cuando contemplas la humanidad, solo queda agradecer y valorar.
Porque en medio de tantas miradas de odio, existe la mirada diferente, la mirada de bondad.

A lo largo de estos diez años de acompañamiento en el ministerio sacerdotal, he podido enfrentarme a realidades muy complejas. Una de las más fuertes, es quienes sienten que la puerta de Dios para ellos fue cerrada y también a quienes consideran que para otros está cerrada la puerta de Dios.  Ha sido una dura batalla, cuando me encuentro con quienes piensan que ya no tienen posibilidad y también cuando debo enfrentar a quienes se consideran buenos y piensan que el otro no tiene espacio en el templo de Dios.

 
Un día un fariseo llamado Simón, que no quería a Jesús, lo invitó a una cena porque siempre estaba buscando algo para acusarlo. Jesús sabía que no lo querían, y sin embargo asistió. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Ella llegó donde Jesús “llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.” Y adivinen ¿qué dijo el fariseo?: Al verlo, el fariseo que le había invitado se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Lucas 7, 36-50


Justo con ese tipo de comentarios y actitudes es con los que toca batallar. Porque hay quien quiere cerrar las puertas en el servicio de una iglesia. Pero ese momento era sagrado, maravilloso, esta mujer estaba llorando, sintiéndose mal por sus errores, tiene una actitud de súplica y de penitencia. Ella quiere mejorar, quiere cambiar, ya todo el público la trata de pecadora. Siente las puertas cerradas, y se enteró que Jesús estaba por ahí, así que tenía su más grande oportunidad de sentirse amada, perdonada, salvada. 


Jesús, ante las miradas juzgadoras de Simón, le responde: “Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le dijo: Has juzgado bien, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.”


La respuesta de Jesús traspasa nuestros corazones. El deudor que debía más y que fue perdonado, es quien más amará a su acreedor. La iglesia, el camino de la fe, es justo el lugar para perdonar, para tener una mirada diferente. Para recibir con los brazos de la bondad y los ojos de la ternura. Por eso este artículo tiene un título bastante cierto: Jesús mismo lo dijo: “No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores y necesitan arrepentirse.” Lucas 5, 32, a los que están enfermos es a quienes viene a sanar. Son quienes necesitan una urgente y misericordiosa atención. 


Cuando las personas logramos practicar la misericordia, y no nos quedamos en nuestra versión básica, sino que trascendemos, logramos ver al otro, mirarle con respeto, con dignidad y ayudarles a seguir su camino de la mejor forma. Una de las cosas que más duele, es la mirada que juzga. Por eso, hoy son bienvenidos todos los que tienen dolor en el corazón, porque en el corazón de Jesús encontrarán descanso, alivio y una mirada de respeto que los invita a arrepentirse y vivir mejor. 


Hay una cosa muy bonita. Es que Jesús ve a las personas y cree en ellas. Por eso, cuando creen en nosotros, nos devuelven lo que habíamos perdido, ¡el creer en nosotros mismos! Que descubramos la mirada de Dios, la mirada del amor, en nosotros mismos, y que nuestra mirada hacia los demás sea bondadosa y con respeto.  
Su amigo.
 

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: