¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

Serendipia, el hallazgo de las crónicas

Lunes, 27 de octubre de 2025 a las 12:24

Hoy toca a celebrar el hallazgo, la Serendipia, de un universo narrativo que nos revela Bolivia en su vasta complejidad y sus fracturas. Tenemos el privilegio de acercarnos a la voz de Cecilia Lanza Lobo, una cronista esencial, una tejedora de relatos que, como bien sabemos, se ha alzado con la Medalla Franz Tamayo a la Creación Intelectual y dirige la revista Rascacielos; además de crear el Premio Nacional de Crónica Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela.

La cronista es una pescadora de historias con oficio, una narradora que, como el artesano, sabe que la literatura surge como respuesta a los interrogantes profundos. Desde sus primeras obras ha demostrado esa sensibilidad social y esa mirada curiosa del etnógrafo que nos recuerda al mejor periodismo narrativo.

Con Serendipia. Nada es lo que parece, la autora nos entrega un volumen de crónicas y perfiles que convoca a una lectura activa, a un desciframiento de los códigos ocultos. Si el cuento es el infinito cuya puerta es la página, como se ha dicho, la crónica es el mapa de un país donde la noticia se convierte en épica cotidiana y las palabras rescatan lo humano, lo marginado, con un humor cáustico y una ética de la curiosidad.

La crónica, ese género donde el periodismo y la literatura se dan la mano y se atreven a romper las reglas, es el territorio preferido por Lanza. Ella toma las herramientas del relato —el diálogo que respira, el clima que se queda en la memoria, la tensión que empuja la historia— y las hermana con el deseo profundo de entender cómo funcionan las tramas y dinámicas humanas que laten detrás de los hechos.

Cecilia se ha propuesto un acto de restitución: iluminar lo mínimo, lo cotidiano, rescatar aquellas historias que los discursos oficiales tienden a invisibilizar. Su escritura no es un simple registro; es un gesto literario que transforma el dato en destino, el hecho en espejo colectivo. A través de su sensibilidad, que es la luna que ilumina la noche, la sociedad boliviana se revela con una claridad conmovedora, con la claridad de quien se atreve a mirarse al espejo sin miedo. Para que se hagan una idea de la arquitectura de esta obra —un ir y venir entre lo público y lo íntimo, entre los nombres grandes y las existencias discretas, con tono respetuoso pero cuestionador—, revisemos algunas piezas que componen este inventario de nuestro tiempo. Para muestra algunos botones:

- “El ocaso de un rudo. Una ilusión que se volvió pesadilla”: Un acercamiento crítico a la figura de Evo Morales. Lanza, con su ojo de socióloga y periodista, desciende al hombre, investiga las utopías, las decepciones y el costo de lo que fue un liderazgo carismático.

- “Justa Canaviri. La elegida”: Un retrato de la cocinera y figura mediática, que trasciende el elogio simple. Es un testimonio de fuerza, donde la chola se convierte en el rostro que interpela y desarma las barreras simbólicas de nuestra sociedad.

- “Iván Nogales. Subcomandante Iván, un ser humano extraordinario”: Sobre el personaje del teatro alteño. Un hombre extraordinario, cuya partida me partió el corazón. Aquí la autora despliega capas de teatralidad, vulnerabilidad y compromiso cultural, mostrando cómo la vida convive con la escena, la incógnita y la rebeldía.

- “Roco, el rey del porno”: Un relato que se aventura en los márgenes del deseo, el estigma y el cuerpo expuesto, abordado no con sensacionalismo que puede prefigura el nombre de un actor que todos conocemos, pero que preferimos ignorar para no pasar de obscenos. Lanza lo narra con el rigor que la caracteriza.

Son piezas periodísticas en las que la vida se muestra en gestos que parecieran insignificantes, pero que contienen toda la densidad de lo humano, ese universo interior que tanto nos fascina a los narradores.

¿Por qué esta colección de pequeñas historias tremendamente organizadas, merece nuestra atención activa?

Porque, al igual que los grandes narradores, la periodista conjuga en su escritura empatía y rigor. No abandona la certeza del dato ni la elección cuidadosa de la palabra, logrando que el lector vea lo que no sabía que estaba allí. Porque este volumen, que es un acto de memoria para el futuro, no prioriza una sola tribuna; Explora territorios diversos —política, género, identidad, cuerpos y deseo—, que convierten la obra en una lectura imprescindible.

Porque al rescatar a figuras como Justa Canaviri o Cresencio Choque, la obra trasciende el registro periodístico para convertirse en un gesto literario de rescate simbólico, una forma de decir: estas voces son dignas de la gran narrativa de Bolivia. Lanza Lobo nos invita a leer Bolivia y desde Bolivia con otros ojos, a no conformarnos con lo visible, a mirar el universo exterior e interior que combinan nuestra realidad. Y nos lanza (como su apellido), con la misma fuerza que un personaje bien construido, la pregunta fundamental: ¿quién decide qué es digno de memoria?

Que esta presentación sea un umbral. Les dejo con la certeza de que este libro nos pertenece, porque en sus páginas está escrito algo de todos nosotros.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: