Jessica Rivero
Hay meses que pasan sin dejar huella, y otros que marcan el pulso de una ciudad, de una región, incluso de un país. Septiembre en Santa Cruz pertenece a la segunda categoría. No es un mes más en el calendario: es el tiempo en que la capital oriental se viste de celebración, reafirma su identidad y, al mismo tiempo, abre sus puertas al mundo. En este cruce de caminos, Santa Cruz se convierte en el epicentro de las oportunidades de negocio, en un círculo virtuoso donde lo local, lo nacional y lo internacional se encuentran.
Cada año, la ciudad recibe a empresarios, emprendedores e inversionistas que llegan con la mirada puesta en descubrir posibilidades. El aire festivo convive con la expectativa de quienes saben que septiembre no solo se celebra, sino que se aprovecha. Aquí, los encuentros no son casualidad: son la materia prima de los futuros acuerdos, alianzas y proyectos que darán forma al porvenir económico de Bolivia.
En este escenario, la Rueda de Negocios Internacional Bolivia, organizada por CAINCO, ocupa un lugar central. Este 2025, del 25 al 27 de septiembre, vivirá su 34ª versión, confirmando una trayectoria que la ha consolidado como uno de los encuentros empresariales más relevantes de la región. Durante tres días intensos, más de 600 empresas de alrededor de 20 países sostendrán más de 7.000 reuniones, en un ejercicio de confianza y visión compartida.
Cada encuentro es un microcosmos de posibilidades: una empresa local que descubre un socio internacional, un emprendedor que encuentra un aliado financiero, una compañía extranjera que se sorprende con la capacidad productiva de Bolivia. En esos minutos de conversación puede nacer un acuerdo que transforme realidades enteras.
La Rueda también ha sabido evolucionar. Hoy no solo ofrece un espacio para negociar, sino también para aprender y prepararse. Conferencias sobre innovación, tecnología, economía y financiamiento se suman a capacitaciones previas para orientar a quienes participan por primera vez. Porque el crecimiento empresarial no se trata solo de cerrar contratos, sino de ampliar horizontes y adquirir herramientas para sostener ese crecimiento en el tiempo.
En un contexto en el que la economía global presenta desafíos, la Rueda de Negocios Internacional Bolivia es una señal de optimismo. Demuestra que, más allá de las incertidumbres, existe una comunidad empresarial dispuesta a apostar por el futuro, a abrirse a nuevos mercados y a tender puentes donde otros solo ven fronteras.
Treinta y cuatro años de historia avalan este esfuerzo. Lo que comenzó como una iniciativa pionera se ha convertido en una tradición que trasciende generaciones y que refuerza la vocación cruceña de ser anfitriona, de conectar y de liderar. Y así, septiembre no es solo el mes de la independencia regional, sino también el mes en que la ciudad ratifica su papel de motor económico y punto de encuentro internacional.
Porque al final, no solo importan los números, sino las historias que nacen en esas mesas de negociación. Historias de confianza, de crecimiento compartido, de sueños que encuentran terreno fértil para hacerse realidad. En cada reunión de la Rueda late la certeza de que el futuro no se espera: se construye con cada apretón de manos, con cada acuerdo alcanzado, con cada visión común.