El 24 de septiembre revive cada año el recuerdo fundacional de Santa Cruz, su grito libertario de 1810, cuyo eco sirve de puente entre el pasado y el presente. Este año, arriba a su fiesta departamental con una combinación de orgullo regional, tensión política, crisis económica, compromisos productivos y urgencias sociales que perfilan un escenario complejo. Uno de los hechos políticos de mayor impacto en la región es el referido al gobernador Luis Fernando Camacho. Después de largos años enfrentando procesos judiciales -entre ellos el caso ‘Golpe I’ y el paro de los 36 días-, la justicia levantó la prisión preventiva y dispuso detención domiciliaria con salida laboral para Camacho quien, de ese modo, retomó sus funciones en la Gobernación cruceña. Este cambio judicial no solo puso en primer plano la figura del gobernador, sino que reavivó tensiones entre la institucionalidad nacional y las demandas regionales de autonomía y justicia.
Para buena parte de la ciudadanía cruceña, la detención de Camacho tuvo un matiz de persecución política; su liberación parcial constituye cierto alivio, pero también es un recordatorio de las disputas constantes entre el poder judicial, el ejecutivo nacional y los gobiernos departamentales. Además, a escala nacional ha emergido un quiebre político: en las elecciones generales de agosto de 2025, el Movimiento al Socialismo (MAS) sufrió una derrota electoral significativa, lo que abre un nuevo escenario de transición política y posibilidad de una redefinición institucional.
Entre estos vaivenes, Santa Cruz sigue destacando como motor económico del país por su alta productividad agropecuaria, exportaciones, generación de empleos y movimiento comercial que supera con nitidez al promedio nacional. Pero ese vigor económico como el que trasciende la Expocruz 2025 no blinda al departamento de los efectos de la crisis macroeconómica que atraviesa Bolivia. La inflación acumulada en lo que va del año se ha disparado -superando el 15 % en el primer semestre-, debido al alza de los precios de alimentos básicos, la escasez de combustibles, los déficits fiscales y la falta de dólares que encarece las importaciones.
Otro componente crítico de la coyuntura cruceña es la problemática ambiental. Los incendios forestales, la deforestación, el humo y los riesgos asociados a la producción agropecuaria y a la salud pública, son constantes amenazas. Santa Cruz, con su vasta superficie territorial y actividad agroindustrial, sufre los embates del cambio climático, la sequía, la crisis hídrica, lo que añade tensión a la vida cotidiana. Asimismo, la escasez de combustibles, sobre todo diésel, ha complicado el transporte, la movilización de bienes y la producción agrícola. En diversas ocasiones, los bloqueos y las protestas vecinales o gremiales han sido respuestas a estas carencias.
En medio de los desafíos, hay también factores de esperanza. Santa Cruz no deja de proyectarse hacia adelante: sus exportaciones, sobre todo las no tradicionales, siguen siendo una de las palancas de crecimiento; su capacidad productiva alimenta no solo al departamento, sino al país entero; y su población -creciente, dinámica y optimista, apuesta por mejorar sus condiciones de vida.
El festejo septembrino será también un momento para que las demandas ciudadanas se hagan más visibles en materia de justicia, autonomía, mejoramiento de servicios públicos, seguridad jurídica y económica, atención a los desastres naturales, infraestructura, salud, y educación. Será una jornada donde lo simbólico (el grito libertario) se encuentra con lo urgente (las necesidades cotidianas).
Santa Cruz llega a este 24 de septiembre marcado por la fuerza de su historia y el peso de una realidad nacional compleja. El festejo ya no es solo una conmemoración de un pasado glorioso, sino una plataforma para medir cómo están los acuerdos sociales y políticos en el presente, cuán efectivos son los gobiernos, nacional y departamental, para responder a las urgencias del pueblo.
Para Santa Cruz, esta efeméride puede ser una bisagra: si las autoridades aprovechan el momento para escuchar y actuar, podrían fortalecer la cohesión regional y la credibilidad institucional. Si no, podría ser otra ocasión en la que el reclamo se vuelva más intenso y el descontento más latente.