Uno espera que los legisladores, en cualquier de los tres niveles de gobierno, se rijan por valores democráticos como el diálogo, la tolerancia y el consenso. Bueno, a decir verdad, uno espera que esos valores se arraiguen en la sociedad y se concreten en una identidad nacional que nos llene de orgullo. Pero, por lo visto, estamos lejos, muy lejos de ese escenario.
La sesión de la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Santa Cruz del pasado miércoles fue un ejemplo claro y contundente de las limitaciones políticas de nuestros representantes. En las pantallas se mostrarán los gritos, los insultos y las prepotencias. Pero, detrás de esas imágenes se vive una pulseada por controlar el poder político y, sobre todo, perjudicar las opciones de los rivales.
¿Cómo así? Ya corre el calendario frenético de 15 días para renovar a los vocales electorales. Si bien hemos mirado prioritariamente a la Asamblea Plurinacional, la que debía aprobar la ley, las asambleas departamentales tienen una labor más silenciosa pero igual de urgente. Bajo su responsabilidad está la selección y presentación de cuatro ternas de postulantes que permitan renovar los tribunales electorales departamentales. Y, precisamente, son estos tribunales departamentales los responsables directos de llevar adelante las elecciones para municipios y gobernaciones.
Por eso, llama la atención cuando algún asambleísta pide, de manera insistente, que el proyecto remitido desde la Cámara de Diputados pase primero por comisión, un mecanismo para ralentizar su aprobación.
Igualmente, los reclamos por la premura en el tratamiento de la convocatoria fueron persistentes. Pero, lo que sí buscó ser una jugada política certera, y silenciosa, fue la solicitud, casi entre dientes, para complementar la comisión de Constitución y Gobierno, la misma comisión que debe revisar las postulaciones y proponer las ternas.
Mientras los asambleístas de Creemos y los disidentes de esa agrupación estaban enzarzados, por tercer día, en la pelea sobre cómo se deben retirar las pertenencias del presidente destituido Antonio Talamás, el asambleísta Hugo Valverde (MAS) se probó, en río revuelto, para modificar o complementar la comisión clave en esta preselección.
Actualmente, la comisión de Constitución y Gobierno cuenta con solo dos de sus tres miembros. La renuncia al curul departamental de Kathia Quiroga, ahora representante de Libre en el Senado, deja a Marcelo Aróstegui (Creemos) y Muriel Cruz (MAS) como los únicos integrantes de la comisión.
La jugada de Valverde, al querer complementar la comisión, busca controlar la comisión. Lo hace en un momento muy puntual de la ALD, un momento en el que hay dos curules de Creemos ‘sin dueño’ por las disputas internas, y dejaría al MAS con la posibilidad de incluir a un representante favorable a ellos en la comisión mencionada.
Quizá por un acertado tino político, o quizá porque todavía estaba discutiendo con la bancada leal a Creemos, la presidenta interina de la ALD, Mavy Darinka Pedraza, ignoró el pedido y continuó con la sesión.
Más tarde, mediante una nota de prensa invitó “a todas las personas que quieran formar parte de este procedimiento, para que también sean parte de la elección”. Sería bueno que permitan a los asambleístas, al menos titulares, que puedan adscribirse a dicha comisión y participar con voz y voto en la elección de las ternas demostrando, todos ellos, los valores democráticos del diálogo, la tolerancia y el consenso.