Javier Rivera Segovia | Director de carrera Administración de Hotelería y Turismo-unifranz Hay meses que tienen un brillo especial y en Santa Cruz ese mes es septiembre. La primavera se instala con su luz, las plazas se llenan de vida y el ánimo de la gente se vuelve más abierto. Quien llega en este tiempo encuentra una ciudad que sonríe, que celebra y que invita a descubrirla sin prisa. Quien llega a Santa Cruz en septiembre encuentra más que un clima amable, descubre una ciudad orgullosa de su historia y dispuesta a compartir lo mejor de sí misma. Cada acto cívico y cada bandera que ondea es una oportunidad para sentir de cerca la identidad cruceña. Santa Cruz se muestra como es: hospitalaria, diversa, trabajadora y profundamente alegre. En septiembre, Santa Cruz vibra también en lo económico y cultural. La Feria Exposición no solo es el motor empresarial más grande del país; es un encuentro que mueve a toda la ciudad. Durante esos días, las calles respiran un aire de dinamismo y oportunidades, con visitantes que llegan de todas partes. La Fexpocruz se convierte así en un escenario donde la tradición, la innovación y la proyección internacional se dan la mano. Hoteles, restaurantes, transporte y servicios turísticos laten al ritmo de la feria, generando empleo y un mayor movimiento económico. Pero la Fexpocruz es más que cifras; es un aula abierta, un lugar donde se aprende mirando cómo el mundo se conecta en un mismo espacio, cómo se negocia, se innova y se construyen oportunidades. Viajar en septiembre, sin embargo, no se reduce a participar en un gran evento ni a aprovechar un buen clima. Es, sobre todo, una oportunidad de aprender. De aprender de la amabilidad de su gente, de la riqueza de sus costumbres, de la energía que fluye en cada rincón. El turismo tiene ese poder: nos invita a valorar lo propio y, al mismo tiempo, a abrirnos al mundo. Y allí, la educación se entrelaza de forma natural con el turismo. Formar profesionales en Hotelería y Turismo no es únicamente enseñar gestión, es enseñar a mirar, a sentir y a convivir. Porque la esencia del turismo está en la hospitalidad, en ese gesto que nace del corazón y que solo se aprende compartiendo la vida con otros. Por eso septiembre es un regalo único. Es el momento ideal para caminar por sus parques llenos de flores, para dejarse llevar por el bullicio de sus mercados, para compartir un cafecito de siesta con cuñapé y sonso, y escuchar historias que revelan la esencia de esta tierra. Cada visita se convierte en un motivo de orgullo, porque viajar en este mes es descubrir que Santa Cruz no es solo un destino turístico: es un pueblo que ama lo suyo y lo comparte con generosidad. Viajar en septiembre es emocionarse y aprender. Y hacerlo en Santa Cruz es descubrir que el mayor legado de esta tierra no es solo lo que vemos y celebramos hoy, sino lo que estamos preparando para mañana a través de la educación. Porque cada sonrisa, cada experiencia y cada historia que compartimos tiene detrás a quienes están siendo formados para que la esencia de Santa Cruz siga brillando con fuerza en el corazón del mundo.
Nuestros estudiantes descubren que cada paseo por la ciudad, es en realidad una lección de identidad y de humanidad. Aprenden haciendo, recorriendo, observando cómo la hospitalidad se convierte en motor social y económico, y cómo un simple viaje puede transformar la vida de una persona. Esa es la esencia de nuestra carrera: comprender que el turismo no es solo un sector productivo, sino un espacio de encuentro humano, de aprendizaje constante y de crecimiento personal.