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Nos amó primero

Viernes, 31 de octubre de 2025 a las 11:22
Andrés Yamit Carrillo Mendoza, misionero pasionista

En la primera carta de Juan nos encontramos con una frase que nos llena la vida de un silencio amoroso: “Nos amó primero”, 1 Juan 4,19. Vamos a hablar de la vocación que cada uno de nosotros tiene. Desde niños vamos aprendiendo a conocer qué nos gusta, qué nos llama la atención. Es un conocimiento maravilloso. Nuestros padres suelen decir que le gustaban los números, que su pasión por las matemáticas fue desde pequeños. O quien dice cuando oía una melodía, quedaba perplejo oyéndola. Siempre le gustó la música. Escuchar los comentarios de nuestros padres siempre serán enriquecedores en nuestro proceso de conocimiento.

Cada persona, cuando crece, decide qué camino tomar. Qué vocación buscar. Pero antes de cualquier decisión, ya había en el corazón un deseo y un sueño; había un amor primero.
Los que se enamoran y desean formar una familia. Y quienes se enamoran de una vida misionera y sienten en su corazón y en la vida cotidiana el llamado de Dios. En ambas vocaciones hay renuncias y hay anuncios.

La mujer que decide casarse lo hace porque en medio de tantos hombres ha optado por amar a uno solo. Es una grandeza. Y lo mismo el hombre. En medio de tantas mujeres bonitas, decide amar a una. Porque a él, esta mujer no solo le gusta, sino que la quiere amar y quiere construir con ella un hogar.

En la vocación religiosa, el misionero o la misionera, en medio de su amor por seguir a Cristo en una vida consagrada no solo está enamorado del servicio, de ayudar, también debe renunciar a amar a una sola persona, para amar a quienes Dios ponga a su cuidado y a su servicio. Es un amor amplio, fraterno y espiritual.

En ambas vocaciones habrá problemas. Vivirán injusticias. Pero hay algo más grande que mueve las vocaciones, y se llama el amor de Dios. No podemos medir nuestra vocación con los accidentes que vivamos en el diario vivir. El esposo y la esposa pueden ser felices con abundancia o con escasez. Una señora un día me invitó a bendecir su casa. Cuando llegué vi que la casa era muy linda. Y la final los felicité. Me dijeron: Padre, pasaron muchos años de esfuerzo para poder tener esta casa y construirla así de bonita. Es decir, ellos habían pasado por la escasez, el sacrificio y los ahorros para poder tener su casita. ¿Qué los hizo perseverar? Indudablemente el amor. Pero eso no quiere decir que no tengan sus discusiones y desaciertos. Pero aun así, es más grande lo que mueve sus vidas: el amor. Su casa es el resultado no solo de la construcción física, sino de la construcción del amor a través de los años.

A veces cuando me encuentro con matrimonios en problemas, los veo y pienso en silencio, si se aman. Solo que tienen problemas. Han pasado muchos años, y han sabido vivir con triunfos y con derrotas. Solo que cuando están con crisis, tienden a recordar lo negativo. Y aparece el historial doloroso como protagonista. Es una terrible tentación, absolutizar la historia con los sucesos tristes.

Un día chistosamente le preguntaba a una mujer que solo me hablaba cosas negativas del marido, qué cosas bonitas tiene para contarme de su matrimonio. Me respondió: Pues sí, él (refiriéndose a su esposo) es responsable, me ha dado gustos, me ha llevado de viaje varias veces, pero mire, se portó mal anoche. Y hace diez años intentó hacer lo mismo. Y volvía a lo negativo. La visión estaba centrada solo en lo oscuro. En los errores. Después de oírla estaba seguro de que ella volvería a reconciliarse con su esposo. La pregunta que le hice de las victorias en su matrimonio, le hizo ver la historia de vida de manera más real, y no sesgada y terminó diciéndome, he sido muy dura, mi vida y mi matrimonio sí, valen la pena. No me arrepiento de haberme casado y de haber amado.

Y lo mismo pasa con la vocación religiosa. Los religiosos en la medida que vemos que podemos hacer felices a otros, somos felices. Por eso, hoy valoro tanto a quienes llegan con métodos de evangelización actuales. Conocí un sacerdote que estudió “clown”. Es una carrera exigente, que donde él llega, hace que un discurso se vuelva algo interesante, jovial y artístico. Tiene la capacidad de innovar en mundos empresariales, y en ambientes que parece que el arte no tiene cabida, llega y transforma el entorno. Cuando conocí a este sacerdote clown, no sabía que era sacerdote. Pero su presencia llena de ánimo me hacía pensar que había algo más en su vida. Alguien enamorado de su vida y su vocación.

Hoy, mis hermanos, quiero decirles, que Dios nos amó primero, nos soñó, y que nosotros podemos seguir enamorando todos los días de la vocación que Dios puso en nuestras manos. Que la lectura de nuestra historia sea desde la gratitud de lo aprendido y desde el amor vivido.

Querido esposo y esposa: en tu matrimonio sigue enamorando; y querido sacerdote y religiosa: en tu consagración sigue amando.
Dios nos amó primero.

 

* Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion

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