Hay
falta de coordinación en la Gobernación de Santa Cruz. La afirmación la hizo
nada más y nada menos que el vicegobernador, Mario Aguilera. No solo eso, “pasa
el tiempo y no se alcanzan las metas trazadas”, dijo también esa autoridad, que
fue elegida por voto, junto con el gobernador Luis Fernando Camacho. Sin duda,
una alerta que debe ser tomada en cuenta en el marco de una sana autocrítica,
pero que también espeja que no se está haciendo lo suficiente en el
departamento con más habitantes, con más necesidades y también el más atacado
por el centralismo y el partido en función de Gobierno nacional. Hay que recordar que si hay
gobiernos departamentales y gobernadores en Bolivia, esa fue una reivindicación
que nació en Santa Cruz. Aquí surgió el pedido de descentralización
administrativa, de elección de prefectos (después gobernadores) y la existencia
de gobernaciones, con estatutos que las rigen y con competencias que son
constitucionales. La demanda y la lucha por estas causas se debió a que esta
región enfrenta necesidades que deben ser atendidas por sus autoridades más
cercanas, a quienes también se les ha dado la representación para pelear por
los derechos cruceños, esos que siempre quieren conculcar los gobiernos
centrales. En Santa Cruz nació el paro de los
21 días y la defensa de la democracia. De ahí emergieron liderazgos a los que
la población les dio el voto de confianza. Sin embargo, hay asuntos
fundamentales que no son la bandera de lucha de esas autoridades. Uno de los más importantes tiene
que ver con la tierra y la producción. En el primer caso, el centralismo
auspicia el traslado de colonos a costa de cruceños que no tienen espacio para
producir o vivir. En el segundo, el centralismo impone normas que golpean a las
exportaciones cruceñas, limitan la siembra y cosecha, perjudicando así los
ingresos y la generación de fuentes de empleo; afectando el modelo de
desarrollo cruceño. La defensa no es contundente, al menos no logra mejorar las
condiciones, sino que pareciera darse por impulsos que no son sostenibles. En el marco de esta tensión interna
en la Gobernación, se supo que se pretendió aprobar un decreto para conferir
las atribuciones del gobernador al secretario de gestión institucional y no al
vicegobernador. Lejos de ser un chisme de redes sociales, esto ha sido
reconocido por asambleístas y por el mismo número dos de este gobierno
subnacional. La norma ‘puentea’, como se dice vulgarmente a la autoridad que
está respaldada por el Estatuto Departamental, por tanto, pretendió vulnerar la
autonomía. ¡Menudo atrevimiento! Sin duda, la población sigue esperando una
explicación. Estamos en puertas de un Censo
Nacional de Población y Vivienda, que definirá los números oficiales sobre los
bolivianos, la asignación de recursos y de escaños parlamentarios. No es serio,
sino irresponsable, que quienes lideran a Santa Cruz estén en una pelea de
poder, cuando hay que sumar fuerzas para volver a luchar por las
reivindicaciones del departamento. Mucho se habla de las logias y de sus
diferencias, pues es tiempo de darse cuenta de que ya vivimos en una metrópoli
y que nadie es dueño de la verdad; que se precisa incluir y validar para
construir. El futuro de Santa Cruz reflejará
el éxito o será la carga de culpa de las actuales autoridades. Éste es un
momento histórico.