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La segunda vuelta o el regreso a los orígenes

Lunes, 08 de septiembre de 2025 a las 21:25

En el torbellino del actual escenario político boliviano, es muy fácil caer en la tentación de pensar que todo sigue un guion predecible. Muchos asumen, como si fuera una ley de la física, que la profunda crisis que erosiona al Movimiento al Socialismo (MAS) y a la izquierda en general se traducirá, en un traspaso de los votos del MAS en todas sus versiones al Partido Demócrata Cristiano que llevó a Rodrigo Paz a las elecciones.  Pero, la verdad es que un análisis más fino nos susurra que esa victoria no es para nada un destino inevitable; más bien, es una posibilidad que depende, y mucho, de la coherencia de sus propuestas y una visión de país más clara, pero sobre todo, de superar una enorme barrera simbólica que señala a Paz Pereira como un masista renovado. Supongamos que eso es así, y veamos si le garantiza una victoria similar a la del 32%.


Si uno se detiene en el recorrido electoral del MAS, las cosas no se muestran tan mecánicas.  En las elecciones de 2005, obtuvo la presidencia con una mayoría absoluta del 53,7% de los votos. Durante su apogeo, impulsado por una bonanza económica derivada de los hidrocarburos, el MAS alcanzó picos de aprobación sin precedentes, logrando un 67,4% en el referendo revocatorio de 2008, seguido de victorias electorales con el 64,2% en 2009 y el 61,3% en 2014. Tras la crisis política de 2019 y un breve retorno al poder en 2020 con el 55% de apoyo. Las disputas internas entre el nuevo gobierno y el liderazgo histórico de Evo Morales implosionaron el partido. Esta fractura culminó en un resultado electoral marginal, donde el MAS oficial apenas alcanzó en las últimas elecciones el 3,1% de la votación, reduciendo su presencia legislativa a un solo diputado. La dispersión del voto de izquierda se evidenció con un 8,2% para un candidato disidente y un notable 19% de votos nulos. El deterioro del masismo fue sistemático, dibuja una caída al margen de cualquier variable externa, lo que hablaría más bien de un deterioro natural y una crisis interna que finalmente implosionó a propósito de las elecciones de agosto. ¿Supone esto que, ante el ocaso natural del MAS, el electorado votará en la segunda vuelta por Rodrigo Paz de forma mecánica en la esperanza de que éste redima el ocaso masista? Yo creo que no. 


Es más posible que una buena parte del 32% que obtuvo Paz Pereira provengan de otra fracción liberal: Jaime Dunn, y que una parte del “voto duro” hubiera contribuido a ese crecimiento, pero solo una fracción pequeña inscrita poderosamente en unas concepciones de orden racista que no aceptarían un Rodrigo Paz de manera alguna. También es altamente posible que una parte del voto de las clases medias hubieran optado por apoyarlo llevándolo al primer lugar, empero, dado que vivimos un momento que testifica el fin del ciclo masista (que es más que un mero ciclo masista) y un intenso movimiento de las percepciones y subjetividades sociales, tengo la impresión de que el desplazamiento de Paz Pereira hacia un populismo con sesgos claramente autoritarios a partir de su candidato a la vicepresidencia, desplazarán el voto a la candidatura de Tuto Quiroga. La lógica de esta intuición afinca en dos postulados teóricos que he manejado en los últimos años: primero que lo popular no es ya una variable que defina el curso de la historia (la ciudadanía lo ha sustituido), y segundo, que la ciudadanía ha metabolizado el paso del MAS por el poder con los peores conceptos que un movimiento sociopolítico pudiera obtener: corrupción, abuso, impunidad, racismo y mediocridad, a lo que se suma crisis económica.


Si esta hipótesis es cierta, el retorno de los electores a posiciones previas en este caso encarnadas en Tuto Quiroga, o el incremento del voto nulo, pienso que pueden ser las sorpresas de esta segunda vuelta.
 

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