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La guerra sucia avanza y el árbitro calla

Martes, 16 de septiembre de 2025 a las 00:00

Bolivia avanza hacia una histórica segunda vuelta electoral. Será el 19 de octubre. Pero lo que debería ser un espacio para debatir propuestas, se ha convertido en un campo minado de ataques personales, rumores y desinformación. La guerra sucia, que ya había mostrado su rostro en la primera votación, ahora se multiplica en redes sociales con una intensidad peligrosa para la democracia.


La pasada semana, tres de los cuatro candidatos firmaron un compromiso de no agresión. Lo hicieron frente a cámaras para mostrar su buena voluntad. Antes de que la tinta se secara, los mensajes de descrédito y hostigamiento circulaban nuevamente en el universo digital. El Tribunal Supremo Electoral, garante de dicho acuerdo, poco o nada hace ante los mensajes malintencionados. Hasta ahora, ni una amonestación, ni una sanción; como si nada sucediera. 
El TSE no puede seguir mirando de palco, limitado a tareas logísticas de impresión de papeletas y conteo de votos. Su misión también es garantizar la limpieza del proceso, y eso implica frenar la manipulación, la mentira y el juego sucio que hoy se normalizan. La ciudadanía merece un árbitro firme, no un guardián indiferente. 


Tampoco necesitamos bravuconadas de los partidos, demandas interminables que conminan a los rivales a presentar pruebas o señalamientos mutuos que ya nadie escucha. Alcanza con que suspendan la guerra de memes, videos y grabaciones manipuladas con inteligencia artificial.

 Alcanza con que eliminen la desinformación y la propaganda envenenada. Alcanza con que sean éticos y dejen a un lado la incoherencia de prometer lo que saben que no quieren cumplir. La campaña se parece cada día más a una lucha en el barro donde todo vale.


Mientras tanto, los aspirantes a presidente y vicepresidente parecen atrapados en una burbuja. Han hecho de la confrontación un espectáculo, pero se olvidan de responder lo esencial: ¿qué harán para sacar al país de la crisis? ¿Cómo resolverán la falta de combustible que golpea la economía cotidiana? Si pretenden endeudar al país, ¿en qué fase están las solicitudes de crédito y con qué condiciones? ¿Cómo planean proteger a los más vulnerables de las inevitables medidas de ajuste? ¿Cómo frenarán la inflación y evitarán la devaluación de un salario mínimo que ya no alcanza para llegar a fin de mes? 


La segunda vuelta no puede reducirse a una competencia de insultos. Gobernar será mucho más duro que competir. Y gobernar implicará sanar las heridas abiertas por esta campaña. Porque esas heridas, hoy profundizadas por la desinformación, mañana serán obstáculos para los acuerdos que el país necesita con urgencia. ¿Cómo piensan los candidatos unir a una Bolivia que ellos mismos están dividiendo?


El TSE tiene en sus manos la posibilidad de impedir que esta elección quede marcada por la sombra de la guerra sucia. No basta con pedir cordura. No alcanza con exhortaciones tibias. La democracia exige reglas claras y sanciones visibles para quienes eligen ensuciar el camino en vez de explicar sus ideas.


La pregunta de fondo es si el Tribunal estará a la altura. A estas alturas, donde la ciudadanía ha mostrado un compromiso más que evidente en la defensa de la democracia, no hay cabida para un árbitro pasivo y permisivo. Y si el árbitro no cumple su función, no solo pierde el juego: pierde la fe de los ciudadanos en la democracia.
 

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