Las ciudades más avanzadas en movilidad urbana del mundo no se distinguen tanto por sus impresionantes autopistas, anchas avenidas o enormes edificios de parqueo, sino por su búsqueda constante de sostenibilidad. Han comprendido que el verdadero progreso no consiste en ampliar indefinidamente la infraestructura para satisfacer la insaciable demanda de energía y espacio del parque automotor; esa es, en realidad, una tarea de nunca acabar.
Por eso, estas urbes apuestan, entre otras alternativas, por modos de transporte más eficientes, saludables y sostenibles, como el uso de la bicicleta, y, en consecuencia, la habilitación de ciclovías. Al ofrecer mejores condiciones, logran que cientos de miles de ciudadanos dejen el automóvil en casa y opten por pedalear hasta su trabajo. Los beneficios de esta apuesta son evidentes: ahorro de tiempo y dinero, mejora en la salud y un impacto positivo en el medioambiente de la ciudad.
Resulta gratificante ver la masividad del uso de la bicicleta en muchas ciudades europeas, y ya se percibe también un crecimiento notable en varias urbes latinoamericanas donde se han brindado mejores condiciones para los ciclistas.
¿Y en Santa Cruz de la Sierra? Todavía estamos en pañales. La ciudad cuenta con escasas ciclovías, poco funcionales, sin interconexión, con obstáculos y deterioradas.
Sin embargo, hay señales de cambio. La Alcaldía, a través de una unidad descentralizada y con financiamiento del Banco Mundial de cerca de Bs 78 millones, está ejecutando la construcción de más de 65 kilómetros de ciclovías en poco más de un año.
EL DEBER accedió a algunos detalles del proyecto, que promete tener la funcionalidad necesaria para atraer una masa crítica de ciclistas, justificar la inversión y contribuir a descongestionar una ciudad cada vez más caótica en materia de tráfico vehicular. Las ciclovías proyectadas contemplan 35 kilómetros en la zona oeste y 30 en la zona noreste, sobre camellones centrales de avenidas importantes como la doble vía a La Guardia, Grigotá, radial 17½, cuarto anillo, Busch, Omar Chávez, calle Libertad, avenida Alemania y tercer anillo externo. La red busca conectar el centro de la ciudad con las zonas periféricas e incluir pasos peatonales.
Lo que diferencia este proyecto de otros, según se explicó, es que cumple con estándares internacionales: la red tendrá conectividad en las dos zonas señaladas en un año y está concebida para conectar toda la ciudad con proyectos de mediano y largo plazo. Este plan encaja con la visión de una metrópoli sostenible que debería prevalecer en tiempos de crecimiento desordenado.
Además, las ciclovías permitirán cruces seguros y expeditos en las intersecciones y contarán con parqueos para bicicletas en lugares de alta afluencia, como las universidades. Se prevé también arborización y jardinería para que la experiencia del ciclista sea no solo útil, sino también agradable.
El proyecto no ha estado exento de críticas. Una concejala cuestionó desde el monto de la inversión hasta la falta de planificación integral de movilidad urbana. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que actualmente existe una absoluta falta de coordinación entre el Concejo y el Ejecutivo municipal. Será necesario un análisis técnico serio para garantizar la viabilidad de un plan muy necesario para la ciudad.
También hay escepticismo ciudadano. Muchos creen que en Santa Cruz no existe predisposición para adoptar la bicicleta como medio de transporte y ven en el escaso número de usuarios actuales una prueba de ello. Sin embargo, una ciudad no puede rendirse ante la apatía ni la falta de costumbre de caminar o pedalear más. Hay que insistir en cambiar la cultura. Hacen falta días del peatón, mejores condiciones para circular en bici y la creación de una tendencia imparable hacia la sostenibilidad, tal como ya lo están haciendo otras urbes del planeta.