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La economía creativa, una asignatura pendiente en las aulas universitarias

Domingo, 21 de septiembre de 2025 a las 05:27

Por Redacción

Valeria Salinas-Maceda I investigadora 

En 2017, una joven docente de ingeniería financiera descubrió que una de sus estudiantes era vocalista de un grupo de rock paceño. Su curiosidad se despertó al ver cómo la estudiante combinaba una carrera empresarial con una pasión artística. La situación le recordó su propia historia: una economista que había practicado teatro y danza folklórica, y que nunca dejó de lado su vínculo con la cultura.

Durante una clase, la docente mencionó un concepto nuevo para ella: la economía creativa. Al finalizar, la estudiante le pidió más información, pues intuía que ahí podía encontrar la manera de unir su talento artístico con su formación profesional. El episodio reflejaba el encuentro entre dos generaciones, dos carreras ligadas a las finanzas y dos trayectorias atravesadas por la creatividad, todas buscando un puente entre economía y arte.

El contexto, sin embargo, era adverso. En 2017, ninguna universidad en Bolivia incluía la economía creativa en sus programas, ni siquiera como asignatura optativa. Esa ausencia en la formación académica revelaba una brecha: el país carecía de un espacio formal para integrar las artes y la economía. Hoy, en 2025, este reto aún persiste.

¿Qué es la economía creativa? ¿Por qué plantear su inclusión como asignatura en las universidades? Esta es un área de la economía cuyo centro de análisis son los bienes y servicios generados con la creatividad como insumo principal. Esta producción tiene un valor funcional, pero también posee un alto valor simbólico por su carga creativa, innovadora y/o identitaria. 

Esta economía abarca industrias creativas y culturales, sus cadenas de valor, generación de empleos, comercio exterior o políticas públicas a partir de la creatividad. Regresando a la anécdota, la economía creativa es el espacio en el que, tanto la estudiante como la docente, habrían logrado el match que estaban buscando. Desde esta perspectiva, ambas podrían haber diseñado planes de negocios para la industria de la música o estudiado el comportamiento del consumidor de artes escénicas con un modelo econométrico. 

Entender que la economía y la creatividad se complementan es reconocer una necesidad latente. En el país tenemos una amplia población de creativos que se mueven en distintas industrias. Su producción es una contribución para el crecimiento económico. Lo complejo está cuando queremos saber quiénes son, cuántos son, en qué regiones están o cuál es su aporte al PIB. 

Muchos de estos cuestionamientos quedan en el aire esperando respuestas oportunas. Por un lado, tenemos a las entidades gubernamentales que aún no se han interesado por generar data sobre el sector creativo. Este descuido invisibiliza a las industrias creativas en el mapa de actores envueltos en los círculos del desarrollo productivo. Lo que no se ve, no se conoce. Ante este escenario complejo, las mallas curriculares han preferido todavía no hacerlo. Una decisión que debería tomar un rumbo distinto. 

Incorporar la economía creativa en las aulas universitarias puede sumar visión de futuro a las carreras empresariales. Dar este paso, diversificaría el perfil profesional de los estudiantes para insertarse en un área que tiende puentes entre lo económico, lo creativo y lo cultural. Paralelamente, fomentar la investigación en economía creativa responde a ese desconocimiento y poca visibilidad del sector creativo. Es desde la creación de conocimiento que se pueden llenar estos vacíos para que se comience a hablar de la clase creativa boliviana. 

El desarrollo económico no solamente se define en la industria extractiva o los mercados financieros. Se impulsa desde los escenarios, estudios de grabación, talleres de diseño o expresiones folklóricas. En este sentido, es necesario que la educación universitaria responda a un nuevo contexto, donde los jóvenes crean desde la innovación y desde su identidad, buscando ese match entre economía y creatividad que hace varios años una docente y su estudiante también desearon encontrar.    

Dato curioso final: Esa docente, era yo. Encontré mi match perfecto generando investigación académica en el área de la economía creativa con identidad indígena, sector que considero clave para nuestro crecimiento económico desde la inclusión social. 
 

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