La realidad del fútbol cruceño ha cambiado sustancialmente en los últimos años. Se pasó de disputar los campeonatos y disfrutar de la participación internacional a resoplar cuando los equipos zafan la zona roja del fondo de la tabla. Lejos quedan las tardes de apasionante alegría en las gradas del Tahuichi Aguilera alentando a celestes o verdolagas. Hoy día, la frustración domina el sentimiento del hincha que, todavía confiado, acude cada jornada al estadio para alentar a su equipo.
¿Qué ha pasado para que se desinfle la pasión futbolera de una ciudad que respira pelota en todos sus barrios? La explicación rápida apunta a una trilogía desgastante: dirigencias ineficientes, jugadores intermitentes y campeonatos interferidos.
Una explicación más pausada comienza por los resultados. En los seis últimos años, siete equipos cruceños han estado en la máxima categoría del fútbol boliviano. Ahora, solo quedan tres. Destroyer´s, Sport Boys, Royal Pari y Real Santa Cruz fueron víctimas de su mal desempeño en la cancha. Oriente Petrolero, Blooming y Guabirá persisten en una lucha por la sobrevivencia lejos de los puestos de honor. El fútbol cruceño ha perdido su peso deportivo y, sobre todo, el respeto en las instancias decisivas en las cuales se definen las directrices de los campeonatos.
La primera derrota, sin duda, se vivió en las canchas. Los resultados deportivos no acompañaron. Los episodios de indisciplina dentro de los planteles han sido recurrentes. Y no han estado exentos de paros reiterados. Sin plata, no hay rendimiento.
La segunda derrota, por goleada, se vive en las dirigencias. Ni Blooming ni Oriente Petrolero han logrado consolidar una dirigencia capaz, con liderazgo humano y deportivo, respaldada por los recursos necesarios para dar continuidad a los proyectos deportivos. Las deudas, las cuentas inciertas y las demandas de los exjugadores lastran cualquier proyecto.
Para salvar ‘las papas’ celestes y refineros no han pestañeado en dejar la puerta abierta para que políticos, dudosos empresarios o experimentados charlatanes ingresen al club. El resultado…
En el caso de Guabirá, solo el empecinamiento de Rafael Paz (lleva casi 15 años sosteniendo el equipo) le ofrece cierta continuidad y competitividad.
Sin resultado en la cancha y con la fragilidad dirigencial como bandera, los equipos cruceños han sido presa fácil para el centralismo federativo. La carencia de liderazgo dirigencia ha sido aprovechada por las autoridades de la Federación Boliviana de Fútbol para castigar, de una y mil maneras, la debilidad institucional del fútbol cruceño. Comenzaron por debilitar a la otrora poderosa Asociación Cruceña de Fútbol (ACF) hasta dejarla en una raquítica estructura, entidad incapaz de organizar un campeonato competitivo. Siguieron con el ahogo a los equipos de la división profesional imponiendo sanciones onerosas y retrasando el desembolso de los recursos televisivos correspondientes. Y cierran el circulo de presión con la injerencia deportiva directa a través de dudosos arbitrajes y sanciones deportivas desmesuradas que agudizan aún más la falta de resultados deportivos ya preocupante.
Y a pesar de este desalentador panorama, o quizá alentado por ‘la desgracia’ en la que se ha convertido el fútbol cruceño; el hincha insiste y persiste en acudir a la cancha, en alentar a su equipo y en recuperar la esencia del que, no hace mucho, fue el mejor fútbol del país.