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Gobernar sin “retrovisor”

Domingo, 01 de febrero de 2026 a las 04:00

Con casi 90 días de haber asumido la presidencia, Rodrigo Paz enfrenta un desafío que va mucho más allá de la coyuntura económica y la desastrosa herencia recibida. Su principal reto es político y estratégico: cómo reconstruir un país devastado sin quedar atrapado en el pasado.

Gobernar Bolivia hoy exige mirar al frente, al horizonte y al futuro. No se puede conducir un país mirando siempre el retrovisor.

El MAS no solo dejó una economía en bancarrota, instituciones erosionadas y un Estado hipertrofiado; dejó, sobre todo, una cultura política marcada por la corrupción, la prebenda, el resentimiento, la confrontación y el uso de la justicia como instrumento de persecución e impunidad. Reconstruir Bolivia implica superar ese ciclo. Pero superar no significa olvidar, ni mucho menos perdonar.

Aquí aparece la tensión central del gobierno: ¿cómo avanzar sin quedar prisionero del pasado?, ¿cómo proyectar el país hacia el mundo mientras se investigan las responsabilidades del desastre heredado? La respuesta no está en el discurso permanente contra Evo Morales y el MAS, ni en convertir al pasado en el eje de la acción gubernamental. Tampoco en el silencio cómplice. La respuesta está en una organización inteligente del poder.

Rodrigo Paz no debe gobernar lamentando todos los días el pasado. Un presidente que dedica su tiempo a explicar el pasado termina siendo rehén del ayer. La ciudadanía eligió un cambio para salir del estancamiento, no para revivirlo a diario. El pasado explica, pero no gobierna.

Eso no significa, de ningún modo, renunciar a la investigación de toda la corrupción masista. Después de dos décadas de saqueo, captura institucional, arbitrariedades y abusos, por la salud de la propia democracia; no puede haber impunidad. Los masistas no pueden irse a su casa como si nada hubiera pasado. El país necesita verdad, justica y responsabilidades.

¿Cómo puede, entonces, gobernar Rodrigo Paz sin mirar el pasado? Una decisión inteligente, en ese sentido, es dividir funciones dentro del gobierno, para encarar con claridad dos áreas: la investigación del pasado y la conducción del futuro.

Un primer equipo, específico, técnico y autónomo, deberá dedicarse exclusivamente a investigar, documentar y llevar a las esferas judiciales los actos de corrupción, los abusos y todas las atrocidades cometidas. Este equipo no debe estar en el centro del debate político cotidiano, sino en el ámbito de la justicia, con tiempos, métodos y objetivos claros. Su tarea no es hacer propaganda, sino producir verdad jurídica.

Un segundo equipo -mucho más amplio- debe estar concentrado en el futuro. Bajo el liderazgo directo del presidente, este gabinete debe pensar el país que viene: la reinserción internacional de Bolivia en el mundo global, la reconstrucción de la institucionalidad, los cambios en la justicia, la modernización del Estado, la atracción de inversiones, la estabilidad económica y la cohesión social. Este equipo debe hablar del mañana, no del ayer.

Esta división no solo ordenaría al gobierno. Básicamente, mejoraría su eficacia. Permitiría que la justicia avance sin contaminar la gestión diaria y que el Ejecutivo gobierne sin quedar atrapado en la revancha. Gobernar sin retrovisor no es negar el pasado; es impedir que el pasado monopolice el presente.

Hay, además, una razón política de fondo. Evo Morales y el MAS sobreviven políticamente alimentándose del conflicto y de la polarización. Cada vez que el gobierno centra su discurso en ellos, les devuelve centralidad. Cada vez que se los coloca en el centro del debate, recuperan oxígeno. Mirar obsesivamente atrás es, paradójicamente, una forma de fortalecer a quienes se quiere superar.

Paz debe evitar esa trampa. Su fortaleza no está en la confrontación permanente con el pasado, sino en demostrar que hay otro modo de gobernar. Un modo sobrio, institucional, orientado a resultados.

Reconstruir un país destrozado exige liderazgo estratégico. Exige priorizar, delegar y ordenar. Exige entender que la ciudadanía no vive del relato del pasado, sino de las condiciones del presente y las expectativas del futuro. La gente quiere estabilidad, empleo, servicios, seguridad y reglas claras. Quiere un Estado que funcione.

Bolivia necesita cerrar un ciclo histórico. Para hacerlo, se requiere memoria, pero también visión. Se requiere justicia, pero también futuro. Rodrigo Paz tiene la oportunidad de demostrar que es posible hacer ambas cosas sin confundirlas.

Gobernar mirando el retrovisor no es gobernar. El pasado sirve para explicar, aprender y sancionar, pero no para conducir. Un país que intenta avanzar observando únicamente lo que quedo atrás, no solo termina repitiendo los mismos errores, sino que termina paralizado.

Hoy, más que ajuste de cuentas, Bolivia necesita dirección para encarar el futuro. La justicia debe hacer su trabajo sin ruido. Implacable, además, con los que robaron a manos llenas y abusaron impunemente.

El gobierno debe hacer lo suyo: gobernar. Y gobernar, necesariamente, es mirar hacia adelante.

* Rolando Tellería A., Profesor de la carrera de Ciencia Política de la UMSS

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