Salir del encierro que aleja a la Iglesia católica de los fieles, optar por la pobreza, atreverse a hablar de los homosexuales y validar el rol de las mujeres; cuestionar los escándalos sexuales, sancionar la corrupción interna. El papa Francisco rompió los cánones que estuvieron establecidos y sobre los cuales hubo un silencio durante siglos. A pesar de las pesadas estructuras, Francisco I llegó con una brisa reformista, generó altas expectativas y también intensas polémicas en la religión que tiene 1.400 millones de creyentes.
Esta madrugada comenzó el último adiós a un líder que fue diferente a todo lo que se había conocido en el catolicismo. Un papa progresista que no dudó en llamar la atención a cardenales y a sacerdotes. Un papa que abrió camino para entender que la humanidad es diferente que hace 2.000 años y que el mundo ha cambiado radicalmente.
La espiritualidad es algo íntimo, pero el papado es poder, uno de los mayores en el mundo. Ambos conceptos se mezclan y generan un profundo debate en este momento, antes de que comience el cónclave y antes de que los cardenales definan si vuelven a la doctrina pura y dura o si optan por profundizar las transformaciones para conectar más y mejor con los fieles en el mundo. Hay que recordar que Francisco I dejó claro desde el primer momento que los sacerdotes deben oler a oveja. Lo dijo en Bolivia, cuando reflexionó acerca de la necesidad de acercarse a los pobres, de salir del pedestal de los templos. Y lo mantuvo a lo largo de sus años de papado.
Hoy se realiza el funeral, el último adiós a Francisco I. Más de 170 delegaciones y unos 50 líderes mundiales llegaron hasta la plaza de San Pedro. El papa quería sencillez y se ha intentado cumplir sus deseos desde el féretro hasta la homilía que resumió su vida. No solo los poderosos acompañaron este momento, también los religiosos de todos los niveles, los presos a los que visitó en muchas cárceles del mundo, los pobres a los que mantuvo en sus oraciones.
Ahora la Iglesia de San Pedro está en un momento crucial para definir su futuro. Hay un debate interno y está en manos de los cardenales el rumbo, mediante la elección de un nuevo líder de los católicos. Son 133 religiosos que se encerrarán en un cónclave en el que votarán hasta que salga el humo blanco por la chimenea anunciando a su sucesor.
Sin duda que hay una profunda reflexión porque lo que se decida marcará el futuro del catolicismo en un tiempo de inteligencia artificial y de muchas propuestas espirituales alternativas para la humanidad. Las mujeres aún esperan su inclusión plena en las esferas de decisión de la curia. Hay aún deudas con las víctimas de abusos sexuales en espacios regidos por esta religión. Hay cambios internos que no se han realizado. La Iglesia tiene el reto de mirarse con distancia en un contexto global para trazar su rumbo y para seguir siendo el faro espiritual de 1.400 millones de seres en el planeta.
Francisco llegó con la intención de hacer profundos cambios en el catolicismo. Tuvo oposición y no pudo lograrlos todos, pero sí consiguió dar un paso fundamental: lo que antes ni siquiera se discutía, ahora es materia de profundo análisis.
Jorge Mario Bergoglio, descanse en paz.