Mil colores, mil opciones.
Tu corazón y tu cabeza a veces no reposan de tanta oferta.
El comercio te acosa, las voces del mal te seducen, pero la trompeta de los ángeles también hace sonar con fuerza y elegancia una marcha nupcial.
Querido lector: que tus esfuerzos diarios sean invertidos en la pasión más grande de tu vida, en tu proyecto personal, en lo que hace que tu corazón se sienta pleno de gozo.
Por eso, si te pregunto: ¿En qué ocupas hoy tu tiempo? ¿Podrías responder que lo usas para lo que amas y escogiste?
¿Tus cansancios corresponden a lo que te hace feliz?
Cuando uno agota sus energías físicas, intelectuales y emocionales en lo que lo hace feliz, entonces sabe lo que es la paz interior.
En este mundo, ante tanta oferta, lo que más necesitamos es cerrar los ojos y ver lo que quiere nuestro interior. Allí en el corazón habla Dios. Y en la medida que dediques tiempo para escuchar tu propia vida, encontrarás el camino para ir hacia donde quieres. Por eso la oración cristiana nos mueve, nos anima y nos lleva a puerto seguro. Jesús nos dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Juan 14,6. En ese sentido no puedes renunciar a tu camino por cualquier otra propuesta, tampoco a la verdad de tu corazón y obtendrás vida y vida en abundancia (Jn 10,10)
Hay personas que se ven realizadas, tienen una paz interior, se las ve felices, y generan admiración por su disciplina y sentido de responsabilidad. Estas personas no han tenido fácil su camino, les ha tocado difícil llegar a estar así de estables emocionalmente, pero su secreto ha sido saber elegir. Y elegir es un acto trascendente cuando optas por lo que sabes que te hace bien. Porque cuando eliges cualquier acción, o una experiencia perjudicial, pues no hubo una elección trascendente, solo te metiste en problemas, descuidaste tu porvenir, y ahora tienes dos misiones: sanarte de tus errores y continuar con tu vida cotidiana.
Por tanto, estas letras, querido lector, son una propuesta para que tengas una elección con trascendencia. Y por eso te voy a sugerir algunas preguntas de lo que no va con tu camino, con tu verdad y con tu vida.
Lo que vas a elegir, ¿te quita la paz?
¿Te das permisos de hacer lo contrario a lo que quieres cuando estás triste?
¿Pierdes tiempo en tu celular o en acciones viciosas que no te aportan nada, y más bien te quitan tiempo y salud emocional? ¿Tienes diálogos con personas que sabes que te hieren, o te llevan a caminos donde quedarás herido?
Hoy tenemos mil opciones; nos ofrece el comercio muchas cosas, se ven agradables y apetecibles, pero muchas no nos convienen. Por eso, todo lo que hagas debería pasar por el filtro: ¿Ayudará a mi camino? ¿Contribuye a mi verdad? ¿Me da vida? Si las tres dan una respuesta positiva, estás bien. Si alguna da negativa o todas dan negativa, no será una elección trascendente. Aquí lo que importa es tu corazón, tus afectos, tu salud mental y física. Pero principalmente lo que importa es tu sueño, tu ilusión, tu vocación.
Quisiera ahondar un poco en el tema económico. Cuánto dinero se ahorraría si no gastáramos en lo que no nos favorece. Seguramente unos buenos ahorros tendríamos en la medida que no gastemos en lo que no nos hace bien. O tal vez hemos perdido vacaciones en lugares hermosos, al despilfarrar en elecciones perjudiciales. Ahorra para disfrutar, pero no solo a nivel económico, ahorra fuerzas para lo que realmente te hará feliz. Sí, es tiempo de guardar fuerzas para amar. Un padre de familia me comentaba que decidió bajar de peso para cuidar a su hijo, para que su obesidad no le quitará la oportunidad de jugar fútbol con su hijo, pero lo que realmente quería decir es que quería estar para verlo crecer, ayudarlo y trabajar para su bienestar. Necesita buena salud para acompañar a su hijo actual y a los que vendrán. En la medida que este señor decidió no gastar más en refrescos azucarados y comidas poco saludables, toma decisiones trascendentes y ahorra dinero y fuerzas para amar.
Lo único que no podemos ahorrar es tristezas. Nunca debemos guardar tanto dolor. Hay que sacarlo con espacios de alegría. Que entre más crezca la hoguera de la alegría, más se extingue la de la tristeza. Hay que alimentar el fuego de la felicidad.
A veces la vida nos permite volver a compartir con personas que nos hicieron sufrir. Y entonces es el tiempo de volver a sonreír. ¿Te imaginas sonreír naturalmente con quién alguna vez te hizo daño? ¿Te imaginas el fuerte impacto positivo que haría a tu mente?
Pues eso es trascender. Volver a trotar, a compartir un café con paz y naturalidad con alguien que en el pasado te generó tristeza.
Mi querido lector: la vida es de opciones trascendentes para vivir, bien y apasionado en lo que cada uno de nosotros escogimos. Aunque te cueste, renuncia a lo que te quita camino, verdad y vida. Y piensa para ti y por tus sueños.
Bendiciones, hermano.
(*) Misionero pasionista; Spotify: Cantopasión