Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion
Cuando el problema personal ronda tanto la cabeza, te quita y te quita energía…
Cuando el mundo oscuro de pensamientos tristes da vueltas en tu cabeza…
Hoy vamos a hablar de una alternativa saludable. El ser humano cae en bucles de desesperanza. Pero hay una acción que parece extraña para quien no está tan animado y será medicina para su vida. Y es la experiencia de la caridad.
Si una persona que se siente mal por la realidad que vive, termina ejerciendo una labor de caridad, realiza algún servicio de beneficio a otros, genera una sonrisa, un bienestar a otros, entonces su mundo de posibilidades cambia, sus emociones se transforman. Es decir, amar, servir a otros, es un acto de sanación y transformación personal. La caridad abre las puertas a la bondad.
Cuando alguien viene a mí con muchos problemas y entre más conversa más dificultades me cuenta, entonces veo que está en crisis su esperanza. Y la ilusión, las ganas de vivir deben cuidarse. Por eso, a algunos les hago la propuesta de ejercer la caridad. Los invito a llevar alimentos a un hospital, a visitar lugares difíciles en la calle. Les pido que me acompañen a visitar a algún enfermo. O alguna otra acción de caridad. Y la gente me mira como queriéndome decir, este padre no termina de entender que yo estoy mal, para irme a servir. No estoy para servir, estoy para que me sirvan.
Un día llegó una mujer muy triste a mi parroquia. Y yo tenía que repartir sándwich con café a personas que viven en las calles. Le dije: mira, si tienes tiempo acompáñame y luego conversamos. Ella muy elegante, y sin ganas de hacerlo dijo; está bien, pero me da miedo. Salimos con el termo de café y una caja de alimentos. Ella muy nerviosa, tímida. Pero cuando los habitantes de la calle, le sonreían y le decían, ¡uy, gracias rubia bella! Entonces su rostro empezó a cambiar. Ya luego, era ella quien más buscaba en medio de la basura a quienes se escondían del frío para dormir. Los encontraba con un café en su mano. Terminamos la jornada de repartir y volvimos a la parroquia y le dije: ahora sí te escucho. Y me respondió, estoy tan feliz, gracias por invitarme, creo que ya descubrí lo que necesito. No se preocupe padre, repartiendo el café, reflexioné muchas cosas lindas.
Esta mujer recobró su bella sonrisa, sirviendo a quienes duermen en medio de los basureros. Ella abrió las puertas de su generosidad, se olvidó de sus dolores por un instante, y ejerció la caridad que Dios puso en su corazón. Es decir, así como había desarrollado un constante pensamiento de tristeza, ahora empezaba a ejercitar la experiencia del amor y volvió la ilusión a su corazón.
El servicio generoso y genuino, es como abrir una gran puerta a la bondad. Hay tanta caridad y humanidad por vivir. Tantas cosas maravillosas por realizar. Y una infinidad de sentimientos maravillosos por cultivar en el servicio. Por eso, lo contrario a la caridad, es el egoísmo. Y entre más egoísmo, más insatisfacción y más tristeza. Creo que es tiempo de darse la oportunidad de levantar la cabeza y mirar la vida, ejerciendo la caridad. Y ojalá que nadie te vea, para que tu corazón solo lo haga por amor y por crecer en el mandamiento que no salva: el mandamiento del amor como nos dice Jesucristo en Juan 13,14.
El ejercicio de la caridad sana tu mente, alegra tu existencia y te salva porque es Jesús actuando a través de tu vida. Que tus manos lleven pan, el pan del cariño. Que regales una mirada a quien nadie quiere mirar, y que tu corazón bombee caridad y te llene de esperanza.
Con cariño