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Cuando los jóvenes hablan, el país respira futuro

Domingo, 16 de noviembre de 2025 a las 04:00

    

El diagnóstico de la realidad lo tienen clarísimo. Las ideas que plantean son geniales. Solo necesitan el apoyo del Estado, de las empresas y de la sociedad civil. Hablo de cientos de jóvenes estudiantes de colegios y universidades que, durante cuatro días, imaginaron y diseñaron planes para construir una verdadera “ciudad maravilla” en La Paz, en el marco del evento Futures Week, organizado por la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Las noticias habituales suelen ser malas noticias. Y quienes critican a los periodistas dicen que solo nos interesamos por lo malo. Pero esta vez me tocó presenciar lo contrario: esperanza pura, expresada en proyectos sobre cinco pilares —ciudad culta, tecnológica, creativa, saludable y sostenible—. Jóvenes que investigaron, debatieron y propusieron soluciones concretas. Universitarios que llevaron sus ideas a prototipos. Y todos ellos con una claridad admirable sobre lo que la sede de gobierno necesita para renacer.
Cada propuesta nació de un diagnóstico certero. En la mesa de ciudad tecnológica, por ejemplo, los estudiantes identificaron que seis de cada diez docentes mayores de 45 años tienen dificultades con el uso de herramientas digitales. Frente a eso, presentaron “Conéctate”, una red para que profesores y alumnos interactúen y aprendan juntos, con tutoriales gratuitos donde los jóvenes enseñan a los mayores. No se trataba solo de tecnología, sino de tender puentes entre generaciones.
Otro grupo diseñó Watersafe, un sistema que usa blockchain para detectar fugas de agua y facilitar reparaciones oportunas. Su propuesta incluye una campaña educativa, incentivos por el buen uso del recurso y sanciones para quienes lo desperdicien, además de bonos de agua para que las empresas asuman su parte en la generación y cuidado de este bien vital.
En la mesa de ciudad saludable, los proyectos giraron en torno al medioambiente. Los estudiantes desarrollaron una aplicación llamada Vitalnet 360, que monitorea la calidad del aire mediante inteligencia artificial y alerta sobre incendios forestales. También propusieron techos verdes, sistemas de captación de agua de lluvia y programas de regeneración de suelos. Todo pensado desde la acción y la conciencia ambiental.
La cultura, por supuesto, no quedó al margen. Se presentaron ideas para convertir a La Paz en una ciudad llena de color, arte y movimiento, donde los artistas, vecinos y visitantes participen en la creación de espacios públicos vivos, con murales, música y experiencias compartidas. Una ciudad que se narre a sí misma desde su gente.
Escuchar a estos jóvenes —sus diagnósticos, sus argumentos, su pasión— deja la certeza de que saben lo que quieren y que lo único que necesitan es ser escuchados y validados. En muchos casos, sus ideas son más lúcidas, realistas y sostenibles que las que se presentan desde las propias alcaldías. Su visión no nace del desencanto, sino de la convicción de que pueden hacerlo mejor.
El Futures Week es, en ese sentido, una demostración del poder de la academia cuando se conecta con la sociedad. Muestra que en la universidad Franz Tamayo no solo se enseña: se crea conocimiento, se forman liderazgos y se despiertan vocaciones públicas. Es un recordatorio de que el país todavía tiene una reserva inmensa de inteligencia y energía joven, esperando oportunidades para actuar.
Uno de los estudiantes decía emocionado: “Si pensabas irte del país, no te vayas. Busca, porque hay mucho que hacer aquí. Y quédate”. Esa frase resume todo. En un país golpeado por la emigración, donde cada día se van talentos y cerebros, escuchar a alguien tan joven decir eso es conmovedor. Es el testimonio de una generación que no renuncia, que busca razones para creer y quedarse.
Futures Week terminó, pero lo que deja no es un evento más, sino una declaración colectiva: todavía hay quienes creen que vale la pena apostar por Bolivia. Que el país puede ser un laboratorio de ideas, no una estación de paso. Que el futuro también habla en boliviano, con voz joven, firme y clara. Y que cuando los jóvenes hablan, el país respira —aunque sea por un instante— un aire de futuro.
 

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