Este 24 de septiembre, día en que todos los cruceños estamos eclipsados por los numerosos festejos en honor a nuestro terruño, es también otra fecha que el calendario internacional recuerda: el Día mundial de la investigación en cáncer. La misión de los estudiosos, investigadores y activistas es conseguir superar el 70% de supervivencia en 2030. En Europa lo ven lejano todavía y reclaman porque hay una brecha importante entre la aprobación de nuevas terapias y a lo que en realidad acceden los pacientes. Si es así en el considerado ‘primer mundo’, ¿qué podemos esperar nosotros?
En España, por ejemplo, la Fundación Alivia alerta de que pese a la inversión, demasiados fármacos llegan tarde o con restricciones. Y estamos hablando de un país que ha invertido casi mil millones de euros desde 2018 en investigación e innovación contra el cáncer. Hay dinero, pero desarrollar y autorizar un medicamento oncológico es una tarea que lleva años. Según un artículo de la misma fundación publicado por EFE, “el verdadero cuello de botella se da entre el tiempo que transcurre desde la aprobación europea, la recomendación clínica y la llegada efectiva del tratamiento a los pacientes”.
¿Y qué hay con Bolivia? Para empezar, carecemos de estadísticas, pero remitiéndome a la Organización Panamericana de la Salud, entre 2016 y 2020 se registraron 47.896 nuevos casos de cáncer en nuestro país, y según la misma entidad, cada año se diagnostican aproximadamente 7.276 mujeres con cáncer cervical, una realidad dolorosa, dado que este tipo de cáncer es totalmente prevenible, basta un estudio básico como el papanicolau. Estamos en pañales, ¿no?