Septiembre parece ser un mes talismán para el fútbol boliviano. En 1993, la selección nacional escribió una página dorada al sellar en Quito su clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994, tras un empate que aún emociona a quienes lo vivieron. Treinta y dos años después, en septiembre de 2025, Bolivia vuelve a rozar la gloria: un triunfo 1-0 sobre Brasil en El Alto, con gol de penal de Miguelito Terceros, aseguró la plaza de repechaje rumbo a la Copa Mundial de 2026.
El contraste entre ambas gestas dice mucho del fútbol y de la historia reciente del país. En 1993, con apenas dos cupos directos, Bolivia logró su clasificación directa con una campaña sólida bajo el mando de Xabier Azkargorta. Hoy, el camino es distinto: seis boletos directos y un repechaje, pero con las mismas exigencias de carácter y disciplina. El estadio Titán, de El Alto, se convirtió en un escenario mítico que confirmó cómo la altura, combinada con intensidad y orden táctico, puede transformar imposibles en hazañas.
Pero no basta con la efeméride. El repechaje será un reto mayor: históricamente, Bolivia nunca ha superado esa instancia. Por eso, este logro debe asumirse con humildad y ambición. Si en 1993 la selección nos enseñó que era posible llegar al Mundial, hoy tiene la oportunidad de recordarnos que los sueños también se renuevan. La historia nos ha dado otra chance en septiembre; ahora toca escribir el desenlace con fútbol y coraje.