El pasado fin de semana, los motores rugieron con fuerza mientras la caravana del Club Willys de Santa Cruz emprendía su travesía hacia Lagunillas, capital de la provincia Cordillera, la más extensa del Departamento. Más de una decena de icónicos vehículos Willys, verdaderas joyas del pasado con más de ochenta décadas de antigüedad y ahora convertidas en símbolos de aventura y camaradería, se reunieron para recorrer, sin contratiempos, poco más de 400 kilómetros, entre ida y vuelta, sobre una ruta asfaltada.
Ya en Lagunillas, la recepción fue cálida y animada. La cordial comunidad laguneja, encabezada por sus principales autoridades, se sumó al evento con aplausos y curiosidad por estos vehículos que han desafiado el paso del tiempo. En la oportunidad, los williseros también reconocieron y agradecieron con una plaqueta a sus anfitriones Pablo Bedoya y su esposa Nena por su gentil atención.
Con la travesía, se reafirmó que el Club Willys no solo preserva la historia automotriz, sino que también promueve el turismo, la confraternidad y la pasión por la aventura. Esta caravana fue mucho más que un paseo. Se tradujo en un homenaje a Lagunillas que mostró sus credenciales de hospitalidad y al legado del Willys, a la pasión por la mecánica clásica y a la voluntad de compartir experiencias auténticas. Sin duda, fue una jornada que quedará grabada en la memoria de todos los que vivieron.