El uso reiterado de la palabra tema como muletilla -“el tema es…”, “sobre el tema decir que…”, “en tema de…”- se ha vuelto tan común en el habla cotidiana nuestra que muchas veces pasa inadvertido. Sin embargo, su empleo frecuente, innecesario e incluso inapropiado empobrece la expresión oral y escrita. Tema es un sustantivo con significado claro que alude a un asunto central o materia específica. Cuando se lo antepone mecánicamente a cualquier comentario, deja de aportar sentido y se convierte en simple relleno discursivo.
Este enviciamiento lingüístico responde, en parte, a la inseguridad al hablar, al deseo de ganar tiempo mental o a la imitación acrítica de discursos políticos, periodísticos y burocráticos donde la muletilla abunda. El problema no es la palabra en sí, sino su abuso. Decir “el tema es que llegamos tarde” no añade nada que no exprese mejor un directo “llegamos tarde” o “el problema es que llegamos tarde”. La lengua de Cervantes ofrece una riqueza enorme de conectores, giros y estructuras que quedan relegados por la comodidad de repetir siempre lo mismo.
¿Cómo evitar este vicio? Primero, tomando conciencia de su efecto nocivo particularmente sobre el buen hablar. Escucharnos y releernos es clave. Segundo, ampliando el vocabulario y perdiendo el miedo al silencio breve. No todo pensamiento necesita una muletilla de arranque. Finalmente, fomentando una educación lingüística más crítica, que valore la precisión y la claridad por encima de la costumbre. Cuidar el idioma no es pedantería; es respeto por quien escucha y por una lengua que permite decir mucho más -y mejor- sin recurrir siempre al mismo tema.