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Cara a cara

Lunes, 09 de febrero de 2026 a las 04:00

 Los primeros tres meses del gobierno de Rodrigo Paz Pereira ya permiten un balance sin anestesia ni épica forzada. Hay decisiones que rompen inercias, otras que decepcionan y algunas que inquietan. Esta gestión ya tiene su reparto: lo bueno, lo malo y lo feo. Y, por desgracia, también lo horrible.

 Lo bueno no es menor. La anulación del subsidio a los carburantes fue una decisión políticamente impopular, pero económicamente inevitable. Se desactivó una bomba fiscal que distorsionaba precios, alimentaba el contrabando y vaciaba las arcas del Estado. A eso se sumó un giro evidente en política exterior. Bolivia regresó al radar internacional con pragmatismo y sin consignas, que ya es bastante.

 Lo malo habita en casa. El vicepresidente Lara parece más cómodo jugando al opositor en TikTok que asumiendo responsabilidades de gestión. Y pesan las promesas incumplidas: el impuesto a las grandes fortunas sigue intacto, la AJ continúa operando como siempre y el ITF no se tocó. Mucho discurso de ajuste, poca poda real.

 Lo feo es el caso de las 32 maletas. Un escándalo mayúsculo, ocurrido frente a las narices del poder, cuyo contenido sigue siendo un misterio. En un gobierno que prometió transparencia, el silencio pesa más que las valijas. 

 Y lo horrible fue la gasolina de mala calidad: vehículos dañados y un desfile de versiones oficiales -del “todo está bien” a la “mano negra”- que no resistieron evidencia. Cuando el relato cambia tanto, el problema ya no es el combustible: es la credibilidad.

 

(*) Editor

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