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Cara a cara

Domingo, 08 de febrero de 2026 a las 04:00

 El Servicio General de Identificación Personal (Segip), es una entidad creada para ordenar y facilitar la identificación y los trámites ciudadanos pero convierte en una prueba tortuosa de resistencia el mero trámite de renovar la licencia de conducir en Santa Cruz de la Sierra. Concentrar esta gestión en un solo punto, enclavado en la saturada zona del mercado Mutualista, no solo es una muy mala decisión logística, sino una muestra clara de desconexión con la realidad urbana y social de la ciudad.

 Desde tempranas horas, cientos de ciudadanos se ven obligados a soportar filas interminables, calor sofocante, desorden y empujones, todo para cumplir un trámite que debería ser ágil y sencillo. En lugar de eficiencia, lo que predomina es una burocracia lenta y absurda, con ventanillas que funcionan a medias, sistemas que “se caen” y requisitos que cambian según el humor o criterio del funcionario de turno.

 La atención deficiente es casi una constante. Amén del trato descortés, resalta la falta de información clara y una sensación permanente de que el ciudadano estorba. En ese contexto, la corrupción encuentra terreno fértil. Tramitadores y ‘colaboradores’ informales ofrecen atajos a cambio de dinero, evidenciando que la ineficiencia no es un accidente, sino parte de un sistema que se beneficia del caos y de las urgencias de la gente.?

 Renovar una licencia no debería sentirse como un castigo. El Estado está para servir, no para torturar a la población con procesos engorrosos y centralizados. Mientras no se descentralicen los servicios, no se modernicen los procedimientos y no se priorice el respeto al ciudadano, el Segip  seguirá siendo una muestra muy evidente de todo lo que no debería ser la administración pública.

 

(*) El autor es presidente del Consejo Editorial

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