Este 4 de febrero se recordó el Día Mundial contra el Cáncer, nunca me voy a cansar de hablar de esta enfermedad que cada año se lleva vidas y destruye a las familias en Bolivia y en el mundo. Cuando un ser querido padece esta enfermedad, la vida cotidiana de sus allegados cambia drásticamente. El padre, madre, esposo o esposa deja de trabajar para dedicarse a su atención, la economía familiar se pone en apuros, los menores de la casa ven alteradas sus rutinas, y de pronto, el cáncer pasa a ser el tema número uno de las conversaciones y de la atención principal. Cada quien lo vive como puede, unos en peores condiciones que otros, y es que el cáncer no es solo una enfermedad física, lo es también a nivel psicológico y hasta económico.
No hablar de un problema no hace que este desaparezca, por eso insisto, hablemos, acostumbrémonos a informarnos, a saber cómo cuidarnos, a dónde acudir y cuando votemos por autoridades -estamos a nada de elegir autoridades departamentales y municipales- informémonos sobre sus planes y qué lugar ocupa el cáncer en sus prioridades.
Para tener algunos datos frescos, comparto los de Globocan, el Observatorio Global del Cáncer, dependiente de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la Organización Mundial de la Salud. Los nuevos casos de cáncer en Bolivia el año 2022 fueron 17.579. Ese mismo año, 11.015 personas murieron. Y en cuanto a la tasa de incidencia, por cada 100 mil bolivianos, 143 enfermaron de cáncer. Los tipos más frecuentes son: cuello uterino, próstata y mama. Casualmente, se trata de los órganos sexuales reproductivos.