Santa Cruz de la Sierra, orgullosamente llamada la ciudad más “verde” de Bolivia, soporta desde hace ya tiempo largo, un estado de abandono que duele y avergüenza. Aquella urbe que alguna vez se distinguió por su frondosa y diversa vegetación, sus parques vivos, parques y plazas acogedoras y avenidas arboladas, se ha ido convirtiendo en un paisaje de descuido y desidia. La hierba y la maleza crecen sin control, la basura se acumula en esquinas y áreas verdes, las luminarias permanecen quemadas por meses y los bancos de los espacios públicos están rotos o vandalizados. Lo que debería ser un lugar de encuentro y descanso de los vecinos se ha transformado en un reflejo palpable del abandono y/o la desidia institucional.
La indiferencia e irresponsabilidad de las autoridades es más que evidente. No hay planificación, mantenimiento ni una política seria de cuidado urbano que esté a la altura de una ciudad que se precia de ser moderna y pujante, además de ser la más poblada del país. Pero a esta inacción apabullante de las autoridades a cargo de su cuidado y administración, se suma, de manera preocupante, la indiferencia de muchos vecinos, que han normalizado el deterioro y han dejado de sentir como propio el espacio común. Sin conciencia ciudadana, cualquier esfuerzo resulta insuficiente.
Resuena entonces la voz del siempre recordado don Noel Kempff Mercado, quien en vida entendió que el “toque verde” de Santa Cruz no era un adorno, sino una forma de vivir y de respetar la naturaleza en la ciudad. Él advertía que una ciudad que no cuida sus árboles y espacios públicos pierde identidad y futuro. Hoy, su legado parece olvidado. Recuperar Santa Cruz no es solo una tarea municipal. Es una responsabilidad colectiva, urgente e ineludible.