Nadie sale de su casa con la intención de matar, a no ser que sea un mercenario profesional. La furia del cruceño se ha estrellado contra el caos y el desorden del transporte público, tras el atropello y muerte de un joven universitario. Nada prepara a una madre para enterrar a su hijo, es simplemente antinatural. Sebastián Vespa Montero (+) ya no acudirá más a las aulas de Derecho de la UAGRM, los anuncios necrológicos han colmado las redes sociales, así como las opiniones que se estrellan contra el servicio de los micros. Protestan por el pésimo servicio y la subida de pasajes, por la tarjeta que hace correr a los choferes, o porque estos trabajan sin el debido descanso porque no están regidos por leyes laborales.
La tragedia y el luto que han envuelto a esta familia nos pone a todos a reflexionar y a las autoridades a actuar. Santa Cruz es un caos por donde se lo mire y sus habitantes no quieren más transporte público caro, en mal estado, ni a sus peatones en riesgo. Hoy, hace exactamente cuatro meses, una mujer de la tercera edad falleció, atropellada por un micro entre las calles Charcas y 24 de septiembre. En 2024, según el Observatorio Boliviano de Seguridad Ciudadana, 1.748 personas perdieron la vida en vías del país. Y según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los accidentes son una importante causa de muerte en el mundo, con 1,35 millones de fallecimientos anuales. Ahí, Bolivia, tiene una tasa de mortalidad por accidentes de tránsito de 17,6 (muertes por cada 100 mil habitantes), por encima de la tasa del mundo, que es de 15 fallecimientos, y más todavía que las Américas, pues es de 14. Son cifras para reflexionar.