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Cara a Cara

Domingo, 11 de enero de 2026 a las 04:00

Bajo el reinado de Camila I, el Carnaval 2026 empezó a latir en Santa Cruz con el arranque de las primeras precas, esas señales tempranas que anuncian que, pese a todo, la tradicional fiesta sigue encontrando su lugar en el espíritu festivo de cruceños y cruceñas. No es un inicio a todo ritmo ni exuberante como en otros tiempos porque llega cargado de matices diversos, atravesado por una crisis económica y social que obliga a repensar formas, gastos y prioridades. Sin embargo, ahí está, emergiendo como un acto de persistencia cultural.

Las precas muestran un Carnaval más contenido, menos ostentoso, pero no por ello desprovisto de sentido. En barrios, comunidades vecinas y comparsas se percibe un esfuerzo por mantener la tradición sin desconocer la realidad. Se ajustan presupuestos, se reutilizan trajes, se privilegia el encuentro sobre el derroche. En ese equilibrio frágil aparece una lectura más profunda de la fiesta, ya no solo como espectáculo, sino como espacio de identidad y resistencia simbólica.

En tiempos de crisis, el Carnaval cruceño se vuelve espejo de la sociedad. Expone desigualdades, pero también creatividad; revela cansancio, pero igualmente ganas de celebrar la vida en común. Las precas no esconden las dificultades, las incorporan. Hay humor, crítica, ironía y una necesidad casi terapéutica de reír y bailar aun cuando el contexto aprieta.

Así, las carnestolendas de este año no arrancan con gran estruendo, sino con una buena y necesaria dosis de reflexión. Tal vez esa sea su mayor fortaleza para demostrar que la tradición no es estática, que puede adaptarse y seguir siendo un lenguaje colectivo. Como para decir “aquí estamos”, incluso -y sobre todo- cuando los tiempos son difíciles.

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